Fe y Ciencia: un diálogo necesario

Posted 9:18 by FRANCISCO REY in Etiquetas: , , ,




 Fe y Ciencia: un diálogo necesario



"Un poco de ciencia aleja de Dios,
pero mucha ciencia devuelve a Él."
Louis Pasteur




En la mentalidad colectiva predomina, desde hace algún tiempo, una visión antagónica de Fe y Ciencia, antagonismo que se expresa a veces en la alternativa de «O Fe o Ciencia». Con esta exposición queremos mostrar que se trata de una falsa alternativa; que Fe y Ciencia no sólo no son incompatibles, sino que reclaman una relación de armonía y de colaboración. La ciencia y la religión “tienen caminos diferentes para llegar a la verdad”






¿Por qué la ciencia moderna se desarrolló en el Occidente cristiano y no en China, la India, Grecia o el Islam? Estas culturas tuvieron sus genios, lenguaje matemático, clases ociosas educadas, recursos estatales... Y, sin embargo, «nada en absoluto comparado a la ciencia moderna», escribió el físico atómico Peter E. Hodgson en «El origen cristiano de la ciencia». El método científico moderno no nació en el siglo XVI con Galileo, sino en la Edad Media cristiana, con un «boom» de creatividad técnica y teórica en el siglo XII y XIII, que sólo la peste negra consiguió frenar y luego se relanzaría. La ciencia experimental moderna nació y se ha desarrollado en la Europa cristiana occidental; es decir, la Ciencia moderna posee una indiscutible matriz cultural cristiana. Las escuelas monásticas y catedralicias y las universidades católicas de la Edad Media fueron los ámbitos propicios en los que se gestó la ciencia moderna, eran auténticos laboratorios de ideas ya en el siglo XII. La doctrina católica ofreció el marco conceptual que hizo posible el surgimiento de la ciencia moderna.






Incluso un autor tan poco sospechoso de simpatías por la religión como el biólogo Jacques Monod reconoce, al hablar del nacimiento de la ciencia moderna, que si este acontecimiento, único en la historia de la cultura, se produjo en el Occidente cristiano antes que en el seno de otra civilización, tal vez se deba, en parte, al hecho de que la Iglesia reconocía una distinción fundamental entre el dominio de lo sagrado y el de lo profano.






Muchos de los protagonistas de su inicio y desarrollo, como se comprueba en esta exposición, han sido hombres de fe como Copérnico, Galileo, Newton, Volta, Ampère, Cauchy, Faraday, Kelvin, Maxwell, Plank, Millikan, Marconi o Lemaître, entre otros muchos que no hemos podido recoger en la exposición. Este hecho nos lleva, al menos, a pensar que la ciencia no tiene por qué ser un obstáculo para la profesión de la fe. Es cierto que también hay científicos agnósticos y ateos. Pero, además de que la Ciencia no es obstáculo para profesar la Fe, muchos científicos han encontrado en la Fe un estímulo para el ejercicio de su ciencia. A este respecto son muy significativas las palabras del físico italiano Carlo Rubbia (Nobel de física en el año 1984) en una entrevista publicada en el Neue Zürcher Zeitung en 1992:

«Cuando enumeramos galaxias o probamos la existencia de partículas elementales, probablemente no estamos demostrando la existencia de Dios. Pero como científico y estudioso me impresionan profundamente el orden y la belleza que encuentro en el cosmos y dentro de los fenómenos materiales. Y como observador de la naturaleza no puedo rechazar la noción de que aquí hay un orden superior de cosas. Encuentro absolutamente inaceptable la idea de que todo sea el resultado de la coincidencia o una mera diversidad estadística. Aquí existe una inteligencia superior, por encima y más allá de la existencia misma del Universo».


El gran matemático británico Roger Penrose ha calculado, basado tan sólo en uno de los cientos de parámetros del universo físico, que la probabilidad de que un cosmos que diera vida apareciera como si nada es de 1 dividido por 10, elevado a la potencia 10, y aumentado a la potencia de 123. Este es un número tan cercano al cero como jamás alguien lo haya imaginado. (La probabilidad es mucho, mucho más pequeña que la de ganar el premio mayor de la lotería cada uno de los días que el universo ha existido). La complejidad del Universo se basa en un equilibrio increíblemente delicado de 17 constantes cosmológicas. Si cualquiera de ellas se modificara una décima a la tetragésima potencia, estaríamos muertos y el Universo no sería el que es.




Por otra parte, famosos ex-ateos como Antony Flew (1923-2010, autor del libro Hay un Dios: Cómo el ateo más influyente del mundo cambió de opinión), o agnósticos en su momento como Francis Collins (conocido por haber dirigido el Proyecto Genoma Humano) reconocen el papel que la Ciencia ha tenido en sus respectivas conversiones. El primero de ellos, Antony Flew, que fue marxista, determinista y ateo militante, escribió que «el mayor descubrimiento de la Ciencia moderna es Dios».

Por su parte, el investigador responsable de la secuenciación del genoma humano, el citado Collins, declaró ya hace algunos años: «Me sorprendió la elegancia del código genético humano. Me di cuenta de que había optado por una ceguera voluntaria y era víctima de la arrogancia por haber evitado tomar en serio el hecho de que Dios podría ser una posibilidad real». Después de esto, Collins ha llamado al ADN humano «el lenguaje de Dios».

Se han realizado algunos estudios, sobre todo de carácter estadístico, y mediante encuestas, sobre el papel que la religión desempeña en la vida de prestigiosos científicos actuales. En uno de ellos, centrado en biólogos que trabajan en universidades de élite de los Estados Unidos, se concluía que sólo un 10% de los encuestados (149 biólogos expertos en evolución) veían conflicto entre la ciencia que practicaban y las creencias religiosas. La mayoría de ellos no veían ningún conflicto entre ciencia y religión.

Otro estudio más reciente y extenso sobre la «religiosidad» de los científicos lo han realizado Elaine Howard Ecklund y Elizabeth Long. En este caso, el número de encuestados fueron 275 científicos de 21 universidades top en Estados Unidos. Las autoras muestran su sorpresa ante el hecho, inesperado para ellas, de que la mayoría de los científicos encuestados se consideraban a sí mismos como personas «espirituales». En definitiva, la Ciencia invita a hacerse planteamientos de tipo religioso, aunque a esto se le llame simplemente planteamientos de tipo espiritual. A lo que no parece que invite es al ateísmo (S. Collado).

Fe y razón , religión y ciencia no son incompatibles. Porque la verdadera ciencia descubre a Dios detrás de cada puerta que se abre. Ciencia y fe no son opuestas , sino convergentes en el descubrimiento de la realidad integral que tiene su origen en Dios. Juan Pablo II en su encíclica Fides et Ratio señala:

“La fe y la razón son como dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad.”

Preciso es aclarar que nunca fue el propósito de esta lista el probar que Dios existe. La existencia de Dios es un tema perteneciente a otro género de discusión. Ciertamente, la conclusión, habiendo mostrado la lista de científicos creyentes NO ES "ergo, Dios existe".

Concluimos que esta exposición prueba que:

-Hay hombres y mujeres que han sido grandes científicos, y han creído en Dios.

-Algunas personas presentadas en la lista han sido incluso miembros de órdenes religiosas y monásticas, sacerdotes y santos

-La mayoría de las personas presentadas en la lista son científicos ILUSTRES, conocidos, destacados en su campo y autores de importantes descubrimientos y avances en su campo de trabajo. Muchos creyentes son considerados "padres" o "madres", "fundadores" de un campo científico. Ergo, se puede ser un gran científico y creer en Dios, al mismo tiempo. Puede haber científicos ateos brillantes, pero no al nivel del genio. Los grandes genios y fundadores científicos han sido creyentes (Newton, Galileo, Kepler, Pascal, Pasteur, Boyle, Lavoisier, Leibnitz, etc.)

-Ergo, la Ciencia y la Fe son perfectamente compatibles, quedando refutado el mito ateo moderno de que son incompatibles. Y la existencia de Dios es independiente de que determinadas personas crean o no en Él.

- Es sabido que la Ciencia experimental moderna nació y se ha desarrollado en la Europa cristina occidental; es decir, la Ciencia moderna posee una indiscutible matriz cultural cristiana.



Puestos a concluir esta breve reflexión acerca de las relaciones entre Ciencia y Fe, me gustaría hacerlo invocando la conocida afirmación del científico más universal, Einstein: la Ciencia sin la Religión está coja, y la Religión sin la Ciencia está ciega.


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