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Los SANTOS INOCENTES, Miguel Delibes
A Miguel Delibes le debemos obras impagables como El camino, Cinco horas con Mario o la última, El hereje. Pero todos recordamos sus santos inocentes, el drama rural de Extremadura que publico en 1981 y que fue llevada al cine por Mario Camus. Las interpretaciones de Paco Rabal y Alfredo Landa forman parte de lo mejor de nuestro cine mas reciente. El escritor castellano, Premio Miguel de Cervantes, ambientó en Extremadura un libro en el que aparecen señoritos, criados, la caza y unas relaciones sociales de un mundo que agoniza. Y por supuesto, la inolvidable “milana bonita”.
“CON LOS HUMILLADOS: VERDAD Y LITERATURA”, por Santos Sanz Villanueva
La vida en el campo ocupa muchas de las páginas de Miguel Delibes. En ocasiones, el escritor ha adoptado la mirada del periodista, del ensayista o del experto cazador que habla de su propia experiencia. Entonces ha denunciado el postergamiento social y económico o ha defendido posturas conservacionistas que avisan de los peligros que amenazan a la naturaleza constantemente degradada. Otras veces su pluma ha dado vida al campo recreando existencias ajenas en cuentos y novelas de los que brota un hondo sentir según el cual lo rural tiene algo de Arcadia feliz y algo, también, de una realidad limitada y dura. Estas preocupaciones han tenido casi siempre como escenario las tierras castellanas que el vallisoletano conoce al detalle. Ese marco habitual en él lo cambia en Los santos inocentes por la geografía extremeña para dar autenticidad a una historia trágica que contrapone dos mundos, el de los terratenientes y el de los campesinos a su servicio.
Los santos inocentes se inserta en la tradición del drama rural, un género cuya meta consiste en presentar la injusticia y la existencia primitiva en lugares apartados del progreso, en los cuales todavía rigen relaciones de corte feudal. En este sentido, la novela no se aparta de los rasgos convencionales y esperables en esta modalidad literaria. Hay en ella dos grupos humanos opuestos por la clase social. Por un lado, los señores, propietarios de origen noble, que llevan la arbitrariedad al límite del más cruel despotismo. Por otro, las familias que se ocupan de las labores campesinas, sojuzgadas, auténticos siervos. A lo largo del relato se suceden pequeños hechos cotidianos o habituales: la pasión por la caza del señorito Iván o los trabajos agrícolas y ganaderos desempeñados por los criados. Menudean significativos datos testimoniales que acreditan el conservadurismo clasista de los señores y las condiciones infrahumanas en que viven los empleados. En fin, no falta la violencia que llega a adoptar la forma de homicidio.
Este puñado suscinto de elementos le sirven a Delibes para construir un relato animado y vivaz guiado por un propósito de denuncia. Con semejantes mimbres se han escrito a lo largo de la historia otras muchas obras. El mérito de Los santos inocentes no se halla, pues, ni en la selección de personajes, ni en las anécdotas, ni en la recreación ambiental, ni en la intencionalidad crítica. El acierto del escritor está en haber convertido en obra de arte extremadamente singular los materiales que maneja. Los personajes tienden al estereotipo de buenos y malos, pero lo superan hasta convertirse en seres humanos de una verdad y hondura absolutas. El escenario resulta inédito gracias a la plasticidad de las descripciones. Las anécdotas, en su deliberada insignificancia, aportan ese interés por conocer sucesos indesligable de la mayor y mejor tradición del género novelesco. Y, en cuanto al compromiso del escritor con la justicia, no hay en la obra ni un solo gramo de propaganda, ni tampoco se proponen mesianismos redentores: la verdad desnuda y escueta de los personajes y de sus acciones produce un emocionado y contundente alegato contra los poderosos y a favor de los desheredados.
Este feliz agregado de aciertos parciales es sólo una clave del acierto global de Los santos inocentes, el cual radica en su ideación general, suma de tradición y vanguardia. Miguel Delibes siempre ha defendido un relato tradicional basado en tres componentes inexcusables, “un hombre, un paisaje y una pasión”, según su conocida definición de la novela. En este drama extremeño no duda, sin embargo, en adoptar unos mecanismos narrativos de un calculado y eficaz vanguardismo. No hay, por supuesto, un gusto experimental intrínseco, sino unos recursos novedosos de gran eficacia. Es suficiente la lectura de unas pocas páginas iniciales para comprobar de qué sabia y oportuna manera incorpora las palabras puestas en boca de los personajes o el diálogo de la narración.
Le basta a Delibes con prescindir de los convencionales guiones para obtener un inusitado y brillante efecto, el de una salmodia, una especie de relato enhebrado por la voz de un contador -o cantador- de una historia que tuvo lugar en cierto tiempo -próximo y específico, pero también intemporal, ahistórico- y que se dirige al presunto oyente de la plaza pública, al modo de los juglares antiguos. Hay algo de recitativo en el discurso del narrador, con sus escenas sueltas, sus variantes o modulaciones de un asunto principal y su pausada e implacable marcha hacia la tragedia inexorable. No se trata, sin embargo, de un narrador espontáneo e inocente, pues, de vez en cuando, junto a características expresiones coloquiales, recurre a voces muy cultas. Tampoco es un narrador distante de los hechos: mantiene de éstos un cierto alejamiento y hasta los refiere el ocasiones con un punto de frialdad, pero habla desde dentro de la historia, asume o incorpora a su voz la voz de los protagonistas del drama.
He ahí el misterio desvelado del calor y la emoción, siempre controlada, que transmite el relato casi musical de quien va contando la vida secreta de un cortijo, los afanes de sus gentes, sus dolores, sus pequeñas rebeldías, su dolorosa sumisión. Ha de quedar bien claro, sin embargo, que esa forma novedosa no se debe a un prurito vanguardista deseoso de llamar la atención sobre sí mismo. Todo arte es artificio, pero la artificiosidad no figura en el ideario de Delibes. Ha tenido que ser un hallazgo intuitivo -no ajeno, por supuesto, al estudio y la meditación previos- el que ha proporcionado al autor ese punto de vista de tan admirables resultados.
En paralelo, se conjugan un realismo descarnado y una estilización poética. La novela evita la prolijidad descriptiva y se prohíbe el regodeo en la miseria o el dolor. La narración va a lo esencial humano. Y ello se recrea con una prosa que, sin perder su cualidad narrativa, se carga de elementos lingüísticos que desvían el texto de lo enunciativo e informativo. Así ocurre con las abundantes anáforas, repeticiones de varias clases, y con el frecuente polisíndeton, o reiteración voluntaria de las conjunciones. Con ello se alcanza una intensificación expresiva que se salda con un texto de auténtico carácter poemático. A la par, se produce una gran intensidad emocional.
De este modo, la crónica testimonial se convierte en una especie de poema lírico narrativo. El narrador invisible -pero cercano, sin duda, al propio autor- va deslizando su visión emocionada de los hechos referidos. Es esa emoción preñada de solidaridad lo que importa. No proporciona Los santos inocentes noticia acerca de otro episodio más del inacabable drama de las relaciones entre amos y siervos. Delibes consigue una extraordinaria originalidad al convertir el compromiso con los humillados en una emocionante narración poemática.
ENTREVISTA A MIGUEL DELIBES,
Por Manuel Llorente
“Milana bonita, milana bonita”. La ternura de “Azarías” hacia el pájaro marca el ritmo interior de una de las novelas más conseguidas de Miguel Delibes y más queridas por los lectores españoles.
El éxito de Los santos inocentes (1981) se rubricó después con la versión cinematográfica que dirigió Mario Camus (1983). Tal es así, que el que vio la película y después leyó el libro no podía tener una mirada inocente: la genial interpretación de Paco Rabal como “Azarías”, un retrasado que vive en el campo a su aire y que habla con una milana (“¡quiá, quiá, quiá!”) marca la novela.
No se queda atrás el papel de Alfredo Landa, que encarna a un campesino con gran maña para la caza y que asombra a ministros y señoritos que se acercan algunos fines de semana para cobrarse codornices, tórtolas o rebecos a un cortijo extremeño.
“La película de Camus es a mi juicio la más perfecta de las que se han hecho hasta ahora sobre mis novelas”, afirma el escritor. “Pero también La guerra de papá, El disputado voto del señor Cayo, Retrato de familia son películas buenas, aceptables dentro de lo que se hace en España en cine, pero creo que la intuición, finura, movimiento de tipos que realiza Camus en Los santos inocentes está por encima de todas las demás.
Miguel Delibes se ha pateado, muchas veces, con la escopeta al hombro, buena parte de Castilla la Vieja. Sus personajes suelen ser humildes, nuca héroes, apegados a la tierra. El poeta zamorano Claudio Rodríguez gustaba de andar por montes y vaguadas mientras pensaba sus versos. “Teníamos puntos de vista parecidos. Él pensaba como yo y como Nietzsche "que no se debe prestar fe a ningún pensamiento que no haya nacido al aire libre”, afirma el escritor.
- Pero con Los santos inocentes cambió de geografía, se trasladó a Extremadura. ¿Cómo ve ahora la novela, cambiaría algo?
Creo que las cosas han cambiado favorablemente en Extremadura. Esto quiere decir que no escribiría una novela tan dura de tener que hacerlo ahora. Habría que estudiar las cosas.
Los personajes parecen arquetipos, ¿cómo surgieron?
Es la realidad. El sur de España no era muy diferente al que creé en la novela.
Leída hoy parece que pertenecen a un mundo que agoniza.
Es posible. En realidad varias de mis novelas parecen novelas en el límite. La jubilación de don Eloy en La hora roja, Las ratas, Cinco horas con Mario, las tengo por expresión de un mundo que va desapareciendo.
La crítica dice que es una de las novelas más conseguidas...
Es una de mis novelas de observación. Yo creo que en Los santos inocentes no inventé nada, todo está más o menos recogido del natural.
Delibes se propuso hacer “una larga cantata”, tal y como confesó a Javier Goñi en el libro Cinco horas con Miguel Delibes (Anjana ediciones, 1985). Los santos inocentes, que publicó Planeta y dejó buenos dineros al escritor, se vendió como rosquillas. “Pero la verdad es que nunca imaginé que acabara siendo un best-seller”.
Hoy el libro mantiene intacta una gran violencia. “La novela, y consiguientemente la película, tiene eso y mucho más”, afirma ahora Delibes. “El hecho del retorno a la justicia natural por medio de la acción de un retrasado es impresionante. No hay maldad en el comportamiento de Azarías sino simplemente un gesto que para él es natural. El señorito no tenía poder sobre la “milana bonita”.
Delibes ha ido recogiendo en su prolífica carrera de escritor (también dirigió “El Norte de Castilla” y fue catedrático de Derecho Mercantil) numerosos premios, desde el Nadal con su primera novela, La sombra del ciprés es alargada, al Cervantes. Él matiza: “No los he perseguido, me han llegado sin reclamarlos. ¿Podrá creer que con El hereje me llegaron seis en una semana?”
Los santos inocentes, su comienzo, estuvo guardado durante “ocho o diez años. No lo sabía cerrar”, según dijo a César Alonso de los Ríos en Conversaciones con Miguel Delibes (Destino) en dos largas sesiones que mantuvieron mano a mano en 1970 y 1992. El caso es que nos ha regalado una obra maestra.

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Antes de entrar en su análisis, repasemos brevemente el asunto que aborda esta novela. A un paso de la vida salvaje, Nini cumple once años junto a su progenitor: el tío Ratero. Habitan en el interior de una cueva y, para sobrevivir, capturan ratas de agua. Es claro que no son los únicos en depender de la naturaleza: otros lugareños viven bajo el yugo del latifundista local, don Antero, y necesitan que el campo, impredecible en todo sentido, les solucione las necesidades más inmediatas. Estamos ante una situación de absoluto desvalimiento, moralmente cancerosa, y no extraña que, sin descontar la importancia de otros factores, la increíble aspereza de esa existencia empuje a los protagonistas hacia la tragedia. De otro lado, se hace aún más íntima la relación entre el entorno y los hombres, y así, la alternancia entre civilización y barbarie se resuelve en desgarro e injusticia.
Publicada en 1962, Las ratas revela con pasión esas mismas penalidades que Delibes había tratado previamente de comentar en las páginas de El Norte de Castilla. Como bien señala Luis López Martínez, el escritor confecciona un documento social con el propósito de retratar la misérrima existencia en el páramo castellano y los atropellos que sufrían sus habitantes. Ciertamente, hay aquí un claro propósito etnográfico, en la tradición de los grandes novelistas del XIX. Nada, en apariencia, más próximo al realismo. Por otra parte, al igual que sucedía en El camino, en Diario de un cazador y en su magnífica secuela, Diario de un emigrante, «no podemos hablar de un hilo o trama argumental que una el relato de Las ratas. Lo que en esta novela se nos cuenta es la historia, un tanto deshilvanada, de un pueblo castellano donde vive un personaje real que propio autor conoció en Cuéllar (Segovia) y que se dedica a cazar ratas de agua para venderlas o para alimentarse él mismo» (La novelística de Miguel Delibes, Murcia, Publicaciones del Departamento de Literatura Española, Universidad de Murcia, 1973, p. 146).
La consternación que experimenta el lector ante el espectáculo de ese cazador furtivo, sin otro valor que la resistencia cotidiana, no es menos intensa que el asombro ante los lúcidos pensamientos del Nini, un niño que se convierte en instrumento simbólico. Por todo ello, no es aventurado inferir que, una vez más, Delibes insiste en que la injusticia siempre moldea comportamientos desviados y malogra las posibilidades de futuro. En un dominio filosófico limitado, hombres como el Ratero pueden compartir diálogo con el gran burgués Cecilio Rubes, de Mi idolatrado hijo Sisí, y hallar coincidencias en su horizonte vital. «En definitiva —concluye el escritor—, nos encontramos con dos seres frustrados y acosados por un entorno social que no sirve. De manera que incluso en estas dos novelas que (...) he presentado como antitéticas veo que está la misma idea mía, la idea de la frustración del hombre por una serie de circunstancias preferentemente de tipo social» («Miguel Delibes. Un castellano de tierra adentro», entrevista por Joaquín Soler Serrano, Escritores a fondo. Entrevistas con las grandes figuras literarias de nuestro tiempo, Barcelona, Editorial Planeta, 1986, p. 20).

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Delibes: "Un talento al servicio de la Verdad", de camino a la eternidad
Redacción - 14/03/2010
El viernes amanecíamos con la triste noticia del fallecimiento del ilustre académico, Miguel Delibes, que a la edad de 89 años nos decía adiós en Valladolid, su localidad natal. Con más de un centenar de obras escritas, este maestro de la palabra será especialmente recordado por “El camino”, libro que relata las primeros descubrimientos del mundo de un chiquillo, “La hoja roja”, narración de un jubilado que observa con detenimiento los últimos días de su vida, “Cinco horas con Mario”, irónica y sarcástica conversación de una viuda frente al féretro de su marido.
El funeral, como era de esperar, se ha convertido en un emotivo encuentro de autoridades y vallisoletanos que gritaban “maestro” al paso del féretro. Así, la herreriana catedral de Santa María se convirtió ayer en el escenario donde se ha albergado el último tributo a quien "nos enseñó a mirar", como reza la dedicatoria de una de las centenares coronas de flores a él dedicadas y firmada por Pacífico Pérez, protagonista de "La guerra de nuestros antepasados".
"No sólo Valladolid tiene en él a su novelista más emblemático, sino España entera y también la amplia comunidad de hispanohablantes", ha reflexionado durante su homilía el administrador diocesano de Valladolid, monseñor Félix López Zarzuelo, delante de los siete hijos del escritor.
La vicepresidente primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, y la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, que estaban presentes han podido escuchar las palabras del prelado sobre la "reiterada condena al aborto" y la defensa "de cualquier brizna de vida humana" que siempre caracterizó a Delibes, y a una obra donde nunca ocultó la "dimensión trascendente del hombre y su relación con Dios".
Un talento al servicio de la Verdad
Monseñor López Zarzuelo destacó la "deuda impagable" contraída con un periodista y narrador "a quien no sólo debemos un sólido manejo del idioma, sino también el haber puesto su talento "al servicio de la verdad desde su encarnación en el humanismo cristiano".
Se preocupó del hombre desde la infancia ("El príncipe destronado") y la adolescencia ("El camino"); se ocupó de la promoción de la mujer ("Cinco horas con Mario"); abordó los valores de la familia ("Mi idolatrado hijo Sisí"); no olvidó a los más desfavorecidos ("Los santos inocentes"); ensalzó la sabiduría del mundo rural ("El disputado voto del señor Cayo") y apeló a la concordia con quienes piensan distinto ("El hereje"), ha dicho.
Al finalizar la Eucaristía, desde el mismo altar, el primogénito de Miguel Delibes, el biólogo del mismo nombre y apellido, agradeció las numerosas pruebas de afecto vertidas hacia la familia y a la figura de su padre, "que en los últimos tiempos tenía más ilusión en la otra vida que en ésta", según ha reconocido.
Centenares de personas aguardaban en el atrio y en calles adyacentes los restos mortales del escritor para darle de mano, y que entre ayer y hoy han sido despedidos por las aproximadamente 20.000 personas que han visitado la capilla ardiente, instalada en la Casa Consistorial y desde donde, este mediodía, ha partido el cortejo fúnebre en medio de un impresionante fervor popular.
”Aunque te vayas, sigue escribiendo”
Más de una docena de libros de adhesiones, expuestos en el velatorio, han reunido gavillas de comentarios, elogios y agradecimientos con la sencillez de la inspiración, el calor de lo espontáneo y el candor de lo popular.
"Aunque te vayas, sigue escribiendo", le ha pedido una niña a través de un deseo que encierra una precisa definición de la inmortalidad que ya habita Miguel Delibes y hacia la que ha partido junto a varias coronas enviadas por los reyes, el Ministerio de Cultura, la Academia de la Lengua, el Ayuntamiento de Valladolid, la Ciudad de Salamanca, el diario El Norte de Castilla y el Ayuntamiento del Valle de Sedano (Burgos).
Actores como María Fernanda D'Ocon (Desi en la versión teatral de "La hoja Roja") y Juan Antonio Quintana; escritores como Gustavo Martín Garzo y el académico José Antonio Pascual, además de amigos íntimos como el etnógrafo Joaquín Díaz, han despedido al novelista junto a un nutrido elenco de representantes institucionales.
FUENTE: http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?IDNodo=-3&Id=46572
HUMANÍSIMO DELIBES
ABC
José Manuel de Prada
13/03/10
Escribo este artículo con el alma en los zancajos, palpando las paredes de la escritura como un ciego al que acabasen de encerrar en una cárcel que no conoce. Las palabras se resisten a acudir a mi pluma; llegan vestidas de luto, en procesión exhausta y cabizbaja, como si renegaran de su sonoridad. En cada una de esas palabras anida la orfandad, porque se me ha ido un maestro al que tributé mi veneración desde la infancia, al que he leído sin descanso desde entonces, como quien acude a un manantial de aguas cristalinas cada vez que lo acucia la sed. Hoy me ocurre lo mismo que a esas viejas casonas atestadas de muebles a las que la mudanza de sus amos convierte en hangares lóbregos. ¿Quién se atreverá a habitarlos después de que su dueño se haya marchado?
Cuando un amigo se nos muere, algo de nosotros mismos se muere con él. Con la muerte de Miguel Delibes se muere un poco la literatura, que ha sido la vocación que ha iluminado mis días, la vocación que su alto ejemplo alimentó, allá en mi juventud provinciana y retraída. No tuve la suerte de contarme entre sus amistades; pero la admiración que siempre le he profesado ha sido una forma de silenciosa y obcecada amistad. Para testimoniarla, en los anaqueles de mi biblioteca se alinean, comprados con las propinas de los domingos, los modestos volúmenes de bolsillo de la editorial Destino, donde Delibes fue publicando, con impertérrita lealtad, casi toda su obra. En ellos he encontrado siempre una literatura empeñada en el hombre, una respiración fraterna que detiene su mirada en los humillados y en los ofendidos, en los débiles y en los solitarios, en ese magma de herida y trémula humanidad que se ha quedado sin voz, que se ha quedado sin norte, que se ha quedado sin resuello. Y sobre toda esa humanidad sufriente la escritura de Delibes descendía como un bálsamo reparador.
Delibes era, ante todo, un creador de personajes, palpitantes de pasiones ancestrales que a veces apenas se nombraban y a veces adquirían la resonancia del trueno, sobre el telón de fondo del paisaje castellano, que nadie como él supo elucidar, que nadie como él supo amar de un modo tan arrebatadamente tranquilo, si el oxímoron es tolerable. Personajes que aman con atolondramiento y sufren con una suerte de resignada beatitud, que miran el mundo con una perplejidad recién estrenada, que sienten y callan pudorosamente; y también personajes enardecidos de un odio ancestral, personajes entreverados de alimaña o bestia acorralada, personajes ásperos y sufridos como la tierra que los modeló, personajes humanísimos en busca de Dios o del diablo, en busca de un milagro o de una redención. ¿Cómo olvidar el candor rebelde del Nini, el patetismo hondo del viejo Eloy, las tribulaciones menudas del cazador Lorenzo, la nobleza campesina y elemental de Pacífico Pérez, el conmovedor desgarro de Daniel el Mochuelo, la escarnecida inocencia de Azarías, el atribulado monólogo de Carmen ante el cadáver de Mario? Son criaturas únicas que nos acompañarán siempre, con su dolor ensimismado y su pequeñez aterida; criaturas sostenidas por un hilo de hermosa e invicta caridad, que es el signo distintivo del verdadero escritor.
En pocos escritores como en Delibes se confirma de manera tan cabal aquel axioma que identifica el estilo con el hombre. Era el suyo un estilo transparente, austero, templado, como una luz de domingo derramándose sobre la meseta castellana; un estilo sin alardes formales, pero al mismo tiempo desdeñoso de afectados desaliños, que devolvía a las palabras su misión primigenia de mencionar con exactitud las cosas y desvelar su sentido más profundo. Descansa en paz, maestro; con tu obra contribuiste a salvar lo que queda de humano dentro de nosotros.

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Incluye los siguientes libros:
(Recopilacion) Momentos estelares de la humanidad (DOC)
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Carta de una desconocida (CHM)
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El fracaso de Wilson (DOC)
El genio de una noche (DOC)
El misterio de la creacion artistica (PDF)
El tren precintado (DOC)
En un lugar de Africa (DOC)
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La impaciencia del corazon (DOC)
La primera palabra a traves del oceano (DOC)
Los ojos del hermano eterno (DOC)
Magallanes (DOC)
Maria Antonieta (DOC)
Tres maestros (DOC)
Una partida de ajedrez (DOC)
Stefan Zweig
(Austria, 1881-1942)
Escritor y pacifista austriaco, famoso sobre todo por sus biografías. Nació en Viena, en cuya Universidad estudió. A raíz del estallido de la I Guerra Mundial, Zweig se convirtió en un ardiente pacifista y se trasladó a Zurich, donde podía expresar sus opiniones. En su primera obra importante, el poema dramático Jeremías (1917), denunciaba apasionadamente lo que él consideraba como la locura suprema de la guerra. Después de la guerra Zweig se estableció en Salzburgo y escribió biografías, por las que se hizo famoso, narraciones y novelas cortas y ensayos. Entre estas obras destacan: Tres maestros (1920), estudios sobre Honoré de Balzac, Charles Dickens y Fedor Dostoievski y La curación por el espíritu (1931), donde da cuenta de las ideas de Franz Anton Mesmer, Sigmund Freud y Mary Baker Eddy. El ascenso del nazismo y el antisemitismo en Alemania llevó a Zweig, que era judío, a huir a Gran Bretaña en 1934. Emigró a los Estados Unidos en 1940 y después a Brasil en 1941, donde se suicidó llevado por un sentimiento de soledad y fatiga espiritual. Como escritor, Zweig se distinguió por su introspección psicológica. Omitiendo detalles no esenciales, fue capaz de hacer sus biografías tan entretenidas como una novela. Los últimos escritos importantes de Zweig incluyen las biografías Erasmus de Rotterdam (1934) y María Estuardo (1935), la novela

¿Y QUIÉN DICES QUE SOY YO? HISTORIAS DE INMIGRACIÓN
Santi Thió, sj. - M. Lluïsa Geronès
Associació Àkan
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Jesús preguntó a sus discípulos:
“Vosotros ¿quién decís que soy yo?... (Mt, 16,15).
Dijo Jesús: “Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y
me disteis de beber... Cuanto hicisteis a uno de mis hermanos
más necesitados, me lo hicisteis a mi” (Mt. 25, 35-40)
INTRODUCCIÓN .................................................................................................................
EL HIJO MAYOR ................................................................................................................
MIENTRAS HAYA UNA COSA PARA ESTUDIAR HABRÁ VIDA ...................................
LA CONDENA DE UN “TE QUIERO” .............................................................................
UN CORAZÓN QUE HA SABIDO ARRAIGARSE ............................................................
MUJER DE GUERRA .........................................................................................................
SOBREVIVIR EN TIEMPO DE HURACANES ...................................................................
BOCA DE FUEGO ..............................................................................................................
VENDIDA CON CATORCE AÑOS .....................................................................................
CAMINA POR LAS CALLES SIN SABER ADÓNDE VA ..................................................
SU HERIDA DE NIÑO ........................................................................................................
ANEXO: CONSTRUIR JUNTOS .........................................................................................
GUÍA DE REFLEXIÓN .......................................................................................................

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CONTRAPUBLICIDAD
ConsumeHastaMorir
La publicidad, el principal canal de difusión de la ideología consumista, es unidireccional, no admite respuesta. Transmite de forma normalizada valores hedonistas, individualistas y el consumo como la vía más exitosa de distinción social. Y sin embargo, lo que mejor define el consumo de los casi 2000 millones de personas que formamos parte de la clase consumista es la distribución injusta de la riqueza, el agotamiento de los recursos y un ilusorio progreso infinito, basado en lo económico, que no parece hacernos más felices.
ConsumeHastaMorir es una reflexión sobre la sociedad de consumo en la que vivimos, utilizando uno de sus propios instrumentos, la publicidad, para mostrar hasta qué punto se puede morir consumiendo. El grupo se formó en el año 2002 dentro de Ecologistas en Acción, una confederación de ámbito estatal fruto de la unificación, en 1998, de más de 300 grupos ecologistas.
Los textos e imágenes que contiene este libro son una selección del trabajo de ConsumeHastaMorir, contrapublicidades que responden al monólogo comercial a base de descubrir el papel ideológico que juega la publicidad y el discurso de las grandes empresas anunciantes que la sustenta.

CHINA
Viaje al corazón de la censura
de Internet
Informe de investigación
- Octubre 2007
Este informe de investigación ha sido redactado por el responsable chino de una empresa de Internet, que usa el pseudónimo de Mr. Tao, con el apoyo de Reporteros sin Fronteras y del Chinese Human Rights Defenders.
PINCHA AQUI PARA DESCARGAR EL INFORME
Introducción
La utilización de Internet cada vez está más generalizada en China. Según el Centro de Información de la Red de Internet en China (CNNIC), el número de internautas a fecha 1 de julio de 2007 alcanzaba los 162 millones, es decir un 12% de la población.
Están catalogados cerca de 1,3 millones de sitios. Y el 19% de los internautas poseen un blog. Para conservar su poder, el Partido Comunista Chino (PCC) ha controlado siempre el conjunto de medios de comunicación (prensa, radio y televisión) prohibiendo la información independiente o la participación extranjera en empresas de prensa. Con la aparición de Internet, el poder ha visto como el control se pulverizaba. La Web es la primera herramienta que ofrece un espacio de expresión directa a la población. Pero los numerosos sitios informativos privados, presentes en la Red, no son tan libres. También ellos tienen que plegarse a la censura y practicar la autocensura, si no quieren verse condenados a la desaparición inmediata.
Esa vigilancia de la Red se lleva a cabo gracias una sabia mezcla de tecnologías de filtrado, vigilancia de la ciberpolicía y propaganda, en las que China invierte masivamente. La censura, draconiana, da caza a todo lo que tenga que ver con los derechos humanos, la democracia o la libertad de creencias. Mata, antes de que nazca, la libertad de expresión que promete la Web.
Víctimas de esa censura, los internautas y bloggers a veces se rebelan, llegando hasta presentar denuncias contra algunos de quienes les albergan. Eso fue lo que hicieron He Weifang, Pu Zhiqiang, Xiao Han y Xu Zhiyong, cuando Sina bloqueó sus blogs. En efecto, en teoría la Constitución china protege las libertades fundamentales frente a los numerosos reglamentos que imponen severos límites a los medios de comunicación digitales, y a los sitios de las organizaciones no gubernamentales.
Este informe, efectuado por un técnico chino del sector de Internet, es un viaje inédito al corazón de ese sistema de censura que no tiene equivalente en el mundo. China es el único país que tiene decenas de miles de cibercensores y ciberpolicías.
Aunque las actividades de esos servicios, que desde hace varios años funcionan dentro de la Oficina Local de Seguridad Pública, son un secreto de Estado bien guardado, este informe revela su indudable capacidad de depurar la Red de las informaciones que molestan al Estado. Los ciberpolicías están implicados en la detención de varios centenares de internautas y ciberdisidentes en los diez últimos años.
A menos de un año de los Juegos Olímpicos de Pekín, este documento alza el velo de esa escalofriante realidad, que hace de China uno de los países más represivos del mundo en la Red.
AVISO LEGAL: Los archivos de texto electrónico expuestos en esta página tienen por único objeto promover y difundir valores culturales y solidarios para la mayoría de la humanidad empobrecida.
Millones de personas no podrían acceder de otra manera a este tesoro cultural que pertenece a toda la humanidad.
Bajo ningún concepto persiguen fines lucrativos. Solo se colocan enlaces para acceder de manera libre y gratuita a los libros que en distintos blog, web, sitios y lugares de Internet han sido subidos.
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Para más información escribe a freyalamillo@gmail.com
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