VOLUNTARIADO, SOCIEDAD CIVIL Y MILITANCIA, DE ANA MARIA RIVAS

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VOLUNTARIADO,
SOCIEDAD CIVIL Y MILITANCIA
(UN ANÁLISIS CRÍTICO DEL VOLUNTARIADO
Y LAS ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES)
ANA MARÍA RIVAS

ACCIÓN CULTURAL CRISTIANA



Prólogo .............................................................................................. 11
Introducción ........................................................................................ 15
Los datos sobre el voluntariado ............................................................ 19
Los orígenes del voluntariado ............................................................... 23
El contexto social, político y económico del fenómeno del voluntariado
y las organizaciones no gubernamentales .............................................. 31
Análisis crítico del voluntariado y las organizaciones no gubernamentales 41
1. Concepción individualista de la sociedad ........................................ 41
2. El princicpio de imparcialidad política ............................................ 43
3. El valor terapéutico del voluntariado .............................................. 47
4. Mercado y solidaridad: el marketing con causa .............................. 53
5. Las fuentes de financiación ........................................................... 64
6. Prácticas empresariales y criterios economicistas ............................ 67
7. Códigos éticos de voluntariado y ONGs ......................................... 79
Voluntariado, sociedad civil y militancia ................................................. 87
Algunas reflexiones sobre el voluntariado católico .................................. 99
Epílogo: ¡Otro mundo es posible! ......................................................... 107
Bibliografía ......................................................................................... 109


Prólogo


Éste no es un libro políticamente correcto. Y no lo es intencionadamente.
Tampoco es un libro escrito para dar lecciones, ni recetas, ni soluciones, ... Más
bien es un libro fruto de la reflexión, la lectura, la experiencia y el debate. Lo que
expongo aquí ha sido objeto de presentación y discusión públicas en jornadas,
talleres, artículos, conferencias, ante un público muy variado: voluntarios, misioneros,
religiosos, laicos, técnicos, trabajadores sociales; personas y colectivos
implicados en ese mundo tan diverso y plural como es el voluntariado y las organizaciones
no gubernamentales.

En todos estos foros he manifestado con total libertad lo que pensaba, con
la misma libertad con la que el público ha expuesto sus comentarios, sugerencias,
interrogantes, críticas y opiniones. Por ello, la autoría de este libro es más colectiva
que individual en lo positivo que pueda tener. Su contenido se ha ido enriqueciendo
con las aportaciones de todos aquellos con los que he compartido mis
reflexiones y con los que he participado en algunas de las campañas que se han
celebrado a lo largo de estos años.

Sé por experiencia que las tesis que aquí se defienden pueden molestar a
algunos porque creen que el objetivo es desacreditar a las ONGs y al voluntariado.
Lejos de mi intención desacreditar a nadie, aunque sí cuestionar y revisar la
acción y el pensamiento en el que se apoya este fenómeno social. Son muchos ya
los que creen que ha llegado la hora de hacer un parón en el camino y examinar
con la perspectiva que da el tiempo transcurrido, los significados y los usos sociales,
políticos y económicos de este movimiento, que se puso en marcha bajo el
signo de la solidaridad, el desarrollo, la cooperación, la gratuidad, la voluntariedad,
... y que ha acabado siendo un saco sin fondo en el que todo cabe.
También es hora de empezar a llamar a las cosas por su nombre, de tener la
suficiente honradez y capacidad de autocrítica para reconocer los logros y las limitaciones
de la acción voluntaria. El mundo no está para autocomplacencias ni congratulaciones
y, mucho menos, para eufemismos a los que tan aficionados somos
en los países enriquecidos y con los que hacemos el juego a los políticos profesionales
y a las instituciones internacionales, a los que se les llena la boca con palabras,
intenciones, declaraciones, principios, que acaban, la mayoría de las veces,
en papel mojado. Debemos permanecer vigilantes para que nuestras acciones, iniciativas
y propuestas no acaben siendo asimiladas por el sistema hegemónico, ni
convertidas en apéndices o correas de transmisión de los aparatos del estado y los
grupos de poder económico. Y para ello el ejercicio de la autocrítica, la reflexión,
la revisión, el contraste, la confrontación entre el ideal y lo alcanzado, la utopía y
la realidad, deben ser permanentes. No debemos caer en el pragmatismo negociador
de los que renuncian a sus ideales a cambio de arañar algo de poder, con
el que es fácil domeñar y apaciguar los espíritus más rebeldes.
Luchar por la justicia, la paz, los derechos humanos, políticos y económicos,
la democracia, la autogestión, exige libertad de pensamiento y de acción y, si es
necesario, enfrentarse a los representantes del poder político, económico y cultural.
Si somos fieles a los ideales por los que decimos luchar, el conflicto aparecerá.
Pero ello será prueba de que vamos por el buen camino, contrariamente, si
recibimos parabienes, felicitaciones e invitaciones del poder, debemos preocuparnos
porque entonces algo no va bien...

En estos últimos años ha ido apareciendo una nueva sensibilidad entre algunas
ONGs y grupos de voluntarios que se cuestionan e interrogan si lo que están
haciendo y cómo lo están haciendo responde a sus objetivos iniciales. En mis
encuentros con algunos de ellos, se ha hecho pública esta inquietud y creo que es
muy positivo, puesto que representa la posibilidad de dar un giro radical a sus
planteamientos teóricos y propuestas prácticas. Tanto en el ámbito de la exclusión
social, como en el de la cooperación al desarrollo, es evidente la insuficiencia de
las acciones llevadas a cabo por colectivos e individuos, que se ven desbordados
por las tareas a desarrollar. Es verdad que cuando la gente se está muriendo de
hambre o buscando un refugio para sobrevivir, de nada vale explicarle que la culpa
de su situación la tiene el FMI, las multinacionales, el consumismo de las sociedades
desarrolladas o el movimiento internacional de capitales, pero de nada servirá
darles de comer si al mismo tiempo no denunciamos y señalamos las causas
estructurales de la injusticia, la miseria, la explotación, los conflictos, ... Estaremos
dando de comer a los padres y condenando a muerte a los hijos.

Quizás haya que empezar a decir cosas que no gustan a los políticos, pero
tampoco a las poblaciones de las sociedades supuestamente “desarrolladas”.
Concienciar a sociedades acostumbradas al despilfarro y al derroche de recursos
y medios, aduladas por los partidos políticos que sólo buscan sus votos, manipuladas
por la publicidad y desinformadas por los medios de comunicación, quizás
sea menos gratificante y vistoso que pasar unas vacaciones solidarias en algún país
del Tercer Mundo, pero a la larga puede resultar más beneficioso para estos pueblos.
Es cierto que en los países más empobrecidos hay mucho que hacer, pero
también hay mucho que hacer en los países enriquecidos, en donde se genera la
violencia estructural que luego sufren los más débiles. El núcleo del poder político,
económico y militar que constituye la base de tanto sufrimiento no está sólo
en la corrupción de las oligarquías nacionales de los países empobrecidos, como
nos quieren hacer creer; al fin y al cabo, estas oligarquías no son más que marionetas
de los centros industriales y financieros ubicados en Estados Unidos, Europa
y Japón, que las manejan a su antojo. La tarea de desmitificación y deslegitimación
del discurso económico neoliberal, la exigencia de democratizar las instituciones
internacionales, el deber de priorizar la seguridad alimentaria de las poblaciones,
de velar por la soberanía política de los pueblos, de evitar el
desmantelamiento de los sistemas de protección social, ... son tareas que hay que
realizar en el Norte y en el Sur, y que de hecho ya se están realizando. Y a ello
tenemos que unir nuestras fuerzas, no seguir luchando por cuotas de poder en
foros y consejos asesores de los gobiernos que sólo sirven para justificar y legitimar
las políticas de estos últimos y mantener la situación de penuria y desamparo
de miles y millones de personas, ni luchar por las cuotas de mercado de las subvenciones
que como migajas el poder va esparciendo en nuestro entorno.

Es mucho lo que nos jugamos, y no tanto nosotros, los que decimos “ayudar”,
como los que ven sus esperanzas de transformar sus condiciones de vida,
frustradas una y otra vez. Nos estamos jugando la democracia, la libertad, no la
de los neoliberales, sino la libertad que va unida a la justicia y a la paz, a la dignidad
del ser humano, al derecho a la alimentación, al trabajo, a la vivienda, a la
educación, a la salud,... Si nunca han tenido, ni pueden tener, justificación el hambre,
la guerra, la esclavitud, la explotación, menos hoy en día, cuando los conocimientos,
los medios y las posibilidades son suficientes para hacer posible la
supervivencia física y moral de la población mundial. Si nunca el silencio, la complicidad,
la cobardía, han servido, ni pueden servir, para justificar las situaciones
límite de pueblos enteros, menos actualmente, cuando disponemos de recursos
personales, científicos y mediáticos para denunciar y detener el progresivo exterminio
de comunidades, naciones y continentes.

Todo ello no es pequeña tarea, pero si somos capaces de recuperar la memoria
y conciencia históricas, pensar a largo plazo y reapropiarnos de la utopía de
un mundo más justo y humano, estaremos incorporándonos a la corriente de tantos
movimientos sociales que, en el transcurso de la historia, han hecho realidad
los proyectos de emancipación y liberación de hombres y mujeres, cuyas conquistas
y logros nosotros hemos heredado como un legado que no podemos ni
debemos dilapidar. Sólo asumiendo esa conciencia histórica sabremos situarnos
en la dimensión utópica del que inicia una tarea y puede que no alcance a ver los
resultados, pero es consciente de que la semilla sembrada acabará multiplicándose.
La prisa y la urgencia por los resultados, el afán de protagonismo y reconocimiento,
la tentación del poder, la búsqueda de la satisfacción inmediata, son malas
compañías cuando el objetivo es la transformación del sistema de valores que está
en la base de las estructuras personales y colectivas dominantes. No perder nunca
de vista nuestros objetivos requiere del análisis y la revisión permanente de nuestras
acciones, de la confrontación entre la teoría y la práctica, de la tensión y el
conflicto entre la realidad de lo que vamos logrando y la utopía de lo que queda
por conquistar. Tampoco hay que temer al reconocimiento de errores y a tener
que dar marcha atrás cuando sea necesario, si con ello ganamos en credibilidad y
en libertad, habrá merecido la pena.

Este libro es por lo tanto una invitación a la reflexión y al debate. Es cierto
que a veces puede adquirir un tono demasiado duro o demasiado crítico, pero los
tiempos que corren no están para florituras ni paños calientes. Es también un libro
no terminado, quedan muchas cosas por pensar, decir y proponer, por eliminar,
corregir y añadir. Pero éste es un libro más entre otros muchos, el libro más
importante que nos queda por escribir es el que cada uno de nosotros, desde su
conciencia, testimonio personal y compromiso social, debe ir escribiendo, sin
renunciar al derecho de ser los autores y protagonistas de nuestra propia historia.
Un libro en el que las generaciones futuras puedan descubrir el valor de la vida
humana, de la naturaleza y de las relaciones sociales cuando son fruto de la igualdad,
la libertad, la paz y la justicia. Un libro en el que puedan inspirarse las futuras
generaciones para seguir construyendo un mundo en el que nadie sobre y en
el que no haya ciudadanos y ciudadanas de primera, segunda y tercera clase. Un
libro en el que encuentren razones para la esperanza.

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