EL PRIMER HOMBRE; DE ALBERT CAMUS

Posted 14:41 by FRANCISCO REY in Etiquetas:



El primer hombre 
Albert Camus 



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El primer hombre es una novela autobiográfica del escritor francés Albert Camus. Esta novela, cuyo título original es Le Premier Homme, es su última obra, ya que la muerte le sobrevino cuando estaba escribiéndola.
Albert Camus, el 4 de enero de 1960, sufre un trágico accidente automovilístico en las cercanías de París. Dentro de su automóvil llevaba un maletín negro, el cual fue encontrado en las cercanías del árbol donde se estrelló su auto. En el maletín junto a algunos objetos personales como unas cartas, su pasaporte y su diario, encontraron un manuscrito de 144 páginas difíciles de descifrar, por la falta de puntuación y la escritura rápida de Camus. El hallazgo no sólo significó el valor de una gran obra inconclusa, sino también lo último escrito por Albert Camus, quien falleció en el accidente.
Este hecho fue todo lo que se supo de la obra durante 34 años, pues recién en 1995 fue publicada gracias a que su hija facilitó el manuscrito para su edición.




Albert Camus
El Primer Hombre


En 1994 se dio a conocer la última novela del escritor francés Albert Camus, El primer hombre; habían transcurrido treinta cuatro años de su trágica, por inesperada y prematura, muerte. Se trata de un paradójico título para un hermoso texto. Albert Camus fue premio Nobel de Literatura de 1957.

Antes de morir había confesado a un periodista: "Mi obra aún no ha empezado". Poco después, quedaba atrapado en los hierros de su coche, entre los restos y cerca de su cuerpo sin vida, se hallaron sus últimos escritos. Se refieren a un hombre, el primero, que anhela a su padre muerto. Catherine Camus se encargó de ordenar y corregir el material y dio a la luz este texto en 1994. Esta obra constituye un nuevo inicio en la obra del autor; no sólo porque recree recuerdos de la infancia sino porque vuelve a la necesidad fundamental de todo hombre, sentirse hijo: "Y ahora reconozco que todo me abandona, que necesito que alguien me señale el camino y me repruebe y me elogie, no en virtud de su poder, sino de su autoridad, necesito a mi padre".
Los dos primeros capítulos de la novela son de las páginas más conmovedoras que se puedan leer. El primero se sitúa en una noche otoñal de 1913, y cuenta la llegada de un matrimonio a Argelia; viajan en una carreta, son colonos hambrientos de tierra, de pan y de trabajo. Él, un hombre francés de treinta años, ella, una sufrida y hermosa mujer andaluza; solos y en tierra desconocida, tendrán que afrontar en una casa miserable el nacimiento de su segundo hijo: Jacques Cormery. Este primer capítulo se cierra con el sueño tranquilo de la madre cansada y satisfecha y el deseo nervioso del padre por empezar a trabajar al día siguiente.

Casi, sin solución de continuidad, en el capítulo siguiente, Camus da un salto en el tiempo y nos presenta a ese niño nacido en tierras argelinas: "Cuarenta años más tarde, un hombre, en el pasillo del tren de Saint-Brieuc", es Jacques Cormery. Aquel niño, ahora un hombre, viaja para encontrar la lápida de su padre "Cormery, Henri, herido mortalmente en la batalla del Marne, muerto en Saint-Brieuc el 11 de octubre de 1914". Es el encuentro del hijo con la tumba del padre desconocido - murió cuando él tenía un año -; encuentro que despierta un torbellino de emociones y reflexiones que constituirán el hilo conductor del resto de la obra, es decir, la recreación de la infancia, adolescencia y juventud de Jacques.
Pero antes de componer su historia, el narrador describe la compasión y el dolor por la muerte prematura de su padre: "Y la ola de ternura y compasión que de golpe le colmó el corazón no era el movimiento del ánimo que lleva al hijo a recordar al padre desaparecido, sino la piedad conmovida que un hombre formado siente ante el niño injustamente asesinado, algo había ahí que escapaba al orden natural y, a decir verdad, ni siquiera tal orden existía, sino sólo locura y caos en el momento en que el hijo era más viejo que el padre" (p. 31). Cormery se rebela contra el orden mortal del mundo, como ya lo hacía otro personaje del autor, el inolvidable Calígula camusiano, creado en 1938: "los hombres mueren y no son dichosos". Pero la rebelión contra este orden mortal no es sólo un grito desesperado sino el comienzo de un deseo de conocer y probar el sabor de la eternidad: "El viajero no era más que ese corazón angustiado, ávido de vivir, en rebeldía contra el orden mortal del mundo, que lo había acompañado durante cuarenta años y que latía siempre con la misma fuerza contra el muro que lo separaba del secreto de toda vida, queriendo ir más lejos, más allá, y saber, saber antes de morir, saber por fin para ser, una sola vez, un solo segundo, pero para siempre" (p. 32).
La novela nace de estas dos escenas: el secreto de la vida de Jacques Cormery depende de ese padre que lo vio nacer y murió prematuramente, es decir, del sentimiento dramático de orfandad. Además, la identidad del personaje que leemos en las páginas siguientes evocan sus años pobres, a la vez que alegres, en Argel y se construyen a partir del anhelo de paternidad. Anhelo, que lejos de ser un triste y lánguido lamento, se convierte en una búsqueda incansable de figuras que le devuelvan la percepción de ser hijo: "Sin embargo, ahora pensaba que ese secreto, lo que ávidamente había tratado de conocer a través de los libros y de los seres, tenía que ver con ese muerto, ese padre más joven (...) Pero a alguien, como él, que nada posee y que quiere el mundo entero, no le basta toda su energía para construirse y conquistar o entender el mundo. Al fin y al cabo no era demasiado tarde, aún podía buscar, saber quién había sido ese hombre que le parecía ahora más cercano que ningún otro ser en el mundo".

"En la clase del señor Germain, sentían por primera vez que existían y que eran objeto de la más alta consideración: se los juzgaba dignos de descubrir el mundo. Más aún, el maestro no se dedicaba sólo a enseñarles lo que le pagaban para que los enseñara: los acogía con simplicidad en su vida personal, la vivía con ellos".
Además de la historia concreta de Cormery, que refleja muchos datos autobiográficos del autor, nace el juicio de toda una generación de hombres "huérfanos". Albert Camus pone de manifiesto como su generación es la de hombres sin puntos de referencia, sin puntos firmes desde los que empezar a caminar. Hombres y mujeres sin dioses, "los templos son derruidos y no queda más que ese peso insoportable y dulce en el corazón", (p.166), sin memoria, "caminando en la noche de los años por la tierra del olvido, en que cada uno era el primer hombre, donde él mismo había tenido que criarse solo sin padre", sin historia, "como si la historia de los hombres, esa historia que había avanzado constantemente en una de sus tierras más viejas dejando en ella tan pocas huellas, se evaporase bajo el sol incesante junto con el recuero de los que la habían hecho", (p.167). Camus describe a una generación europea de la que participa con los huesos y la carne de su personaje.
Pero el deseo en la figura que crea y que lo representa está marcada de tal manera por la necesidad del padre que sabrá hallar en otros personajes la necesaria experiencia de ser hijo. Tenemos la sensación, al leer la obra, que el dolor es sincero porque cuando halla compañía se apacigua. Puede ser la compañía silenciosa de la madre: "Hay seres que justifican el mundo, que ayudan a vivir con su sola presencia" (p. 39). O bien la del profesor: "Con el señor Bernard era siempre interesante por la sencilla razón de que él amaba apasionadamente su trabajo (...) No, la escuela no sólo les ofrecía una evasión de la vida de familia. En la clase del señor Bernard por lo menos, la escuela alimentaba en ellos un hambre más esencial todavía para el niño que para el hombre, que es el hambre de descubrir. En las otras clases les enseñaban sin duda muchas cosas, pero un poco como se ceba a un ganso. Les presentaban un alimento ya preparado rogándoles que tuvieran a bien tragarlo. En la clase del señor Germain, sentían por primera vez que existían y que eran objeto de la más alta consideración: se los juzgaba dignos de descubrir el mundo. Más aún, el maestro no se dedicaba sólo a enseñarles lo que le pagaban para que los enseñara: los acogía con simplicidad en su vida personal, la vivía con ellos" (pp. 126-128). Estos y otros muchos personajes van haciendo la vida de Jacques, este primer hombre que sin dejar de serlo, halló presencias por las que estuvo dispuesto a justificar el mundo entero. Al final el primer hombre, que fue rebelde y extranjero de sí y de todo, concluye su texto con la esperanza de que la misma fuerza que tan generosamente le ha dado razones para vivir, se las conceda también para morir.

Texto: Guadalupe Arbona Abascal

1 comment(s) to... “EL PRIMER HOMBRE; DE ALBERT CAMUS”

1 comentarios:

libro dijo...

guaaa!! me ha encantado espero que os guste el mio



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