Martin Luther King

TENGO UN SUEÑO



El CONCILIO VATICANO II EN COMIC

Cómic titulado "Concilio Vaticano II. Huracán de un nuevo Pentecostés", que recoge el desarrollo de este acontecimiento fundamental de la historia reciente de la Iglesia Católica. Tanto su guionista, Pedro Sánchez Trujillo, como sus dibujantes Raquel Bernal y Curro Cervantes, se muestran encantados con esta repercusión que ha alcanzado.

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Pensamiento y poesía en la vida española


María Zambrano






Propósito


Las siguientes conferencias pronunciadas en México, bajo los generosos auspicios de La Casa de España, que de tantas maneras llenas de inteligencia y eficacia, hace posible la continuación de nuestra vida intelectual lejos de España, no son sino breves trozos de algo pensado, y más que pensado, intuido, con mucha mayor amplitud. He de confesar que, hasta julio de mil novecientos treinta y seis, en que España se lanza a la hoguera en que todavía arde con fuego recóndito, no me había hecho cuestión de la trayectoria del pensamiento en España. Absorbida enteramente en temas universales, resbalaba sobre mi atención, eludiendo muchas veces la naciente extrañeza que me producían las peculiaridades extremas del pensar español, es decir, de la función real y efectiva del pensamiento en la vida española. Son abundantes los tópicos que circulan acerca de ella, pues la situación de España en el concierto de la cultura, es tan singular, que necesitaba de una explicación y no obteniéndola, ha engendrado tópicos a granel. De ellos nos hemos nutrido.

Pero, la tremenda tragedia española ha puesto al aire, ha descubierto las entrañas mismas de la vida. Esto por una parte, y por otra, que en los trances decisivos, el amor surge absorbente, intransigente. Y así, eso que se llama patria y que antes los españoles, al menos, no nos atrevíamos a nombrar, ha cobrado en su agonía todo su terrible, tiránico, poder. Imposible liberarse de su imperio; imposible, porque tampoco queremos librarnos, sino entregarnos, como todo amor ansía, más y más. Y la mente va allí donde el amor la lleva, y así, he de confesar que tengo ante mí una larga cadena de temas hispánicos, de los cuales he entresacado los de estas conferencias que pertenecen a una serie titulada toda ella: Pensamiento y poesía en la vida española.

Se tiende ante mí inabarcable casi, al menos para mis alcances y mis días. Pero, me daré por satisfecha si puedo, al menos, entregar mi esfuerzo hacia algo tan inédito, tan virgen en el terreno del conocimiento, y tan precioso para los tiempos que han de venir. A veces, un temor me asalta: ¿es que se irá a convertir España para los españoles, en tema de «hispanismo»? ¿Es que el afán de conocerla se originará de que no la hemos sabido hacer? Todo es posible, pero mi actitud no es ésa; muy al contrario, si siento tiránicamente la necesidad de esclarecimiento de la realidad española, es porque creo que continuará existiendo íntegramente en espera de alcanzar, al fin, la forma que le sea adecuada; porque espero que España puede ser, es ya, un germen, aunque en el peor de los casos, este germen no fructifique dentro de sí mismo. Porque al fin, la dispersión puede ser la manera como se entregue al mundo la esencia de lo español.

En todo caso, el conocimiento es una forma de amor y también una forma de acción, la única quizá que podamos ejercitar sin remordimiento en los días que corren; la única cuya responsabilidad esté en proporción con nuestras fuerzas. Desde este horizonte amplio, como dos brazos tendidos que México nos abre, esperamos proseguir a fondo lo que estas conferencias solamente anuncian.

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Documentos de María Zambrano

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Documentos
A propósito de la «grandeza y servidumbre de la mujer» PDF
María Zambrano 8-15

Ciudad ausente PDF 
María Zambrano 16-17

La ciudad PDF 
María Zambrano 18-23

Franz Kafka, un mártir de la lucidez PDF
María Zambrano 24-35

Los orígenes de la novela PDF 
María Zambrano 36-37

El payaso y la Filosofía PDF 

El sueño de la pintura PDF
María Zambrano 42-45

Entre el ver y el escuchar PDF 
María Zambrano 46-47

El horizonte y la destrucción PDF 
María Zambrano 48-53

La educación para la paz PDF 
María Zambrano 54-63

Para una historia de la Piedad PDF
María Zambrano 64-72

Entremos más adentro en la espesura PDF 
María Zambrano 72-73

El drama cátaro o la herejía necesaria PDF 
María Zambrano 74-75

Un descenso a los infiernos PDF 
María Zambrano 76-81

De la necesidad y la esperanza PDF
Zambrano María 82-87

Nietzsche o la soledad enamorada PDF 
María Zambrano 88-91

Para entender la obra de María Zambrano PDF 
María Zambrano 92-9


TRAGEDIA Y CONCIENCIA HISTÓRICA EN LA FILOSOFÍA POLÍTICA DE MARÍA ZAMBRANO

Autora: Ana Rodríguez Garrido


Para saber más de la autora:

MARIA ZAMBRANO y la DEMOCRACIA

 
Esta filósofa malageña discípula de Ortega y Gasset y Xavier Zubiri escribe: ´ Si se hubiera de definir la democracia, podría hacerse diciendo que es la sociedad en la cual no sólo es permitido, sino exigido, el ser persona. En un fragmento titulado de la Aurora dice: " Vivimos en estado de alerta, sintiéndonos parte de todo lo que acontece, aunque sea como minúsculos actores en la trama de la historia y aun en la trama de la vida de todos los hombres. No es el destino, sino simplemente comunidad -la convivencia- lo que sabemos nos envuelve: sabemos que convivimos con todos los que aquí viven y aun con los que vivieron. El planeta entero en nuestra casa. "

Por Juan Manuel García Ramos 
(Canarias7, 25/4/04) 


Si se hubiera de definir la democracia, podría hacerse diciendo que es la sociedad en la cual no sólo es permitido, sino exigido, el ser persona.

Se cumplen cien años desde que naciera en Vélez-Malaga la escritora María Zambrano, peregrina de la Guerra Civil española y pensadora de excepción. De María Zambrano y de la escritura femenina hemos estado hablando esta semana en la Universidad de Valladolid en el marco del Y Congreso Imagen y Palabra de Mujer (La mujer en la literatura española). Lo que transcribimos a continuación es una síntesis de nuestra intervención del pasado viernes.

El género ensayístico practicado por Zambrano - cuya prosa ha sido situada en la generación del 36 española, junto a la de José Ferrater Mora o la del mismo Ricardo Gullón - es una suma equilibrada de prudencia académica y de audacia artística, un estilo propio donde las citas y el aparato bibliográfico quedan supeditados a la capacidad creadora, al coraje por encontrar respuestas personales e intransferibles a viejas preguntas.

Aquí el estilo es la mujer misma, por quitarle algo de razón al Conde de Buffón. Una manera excepcional de acercarse a la idea, de merodearla, de dialogar con ella y de sacar algunas conclusiones.

El uso frecuente en la prosa de Zambrano de la conjunción adversativa mas es un instrumento para la autointerrogación, para instaurar la duda como un método de conocimiento. Ortega dijo en su momento que el ensayo era el resultado de una demostración sin la carga de la prueba. Afirmar, repara, concluir provisionalmente: ése es el proceder del estilo de Zambrano, una fórmula que nos recuerda, en versión contemporánea, el diálogo platónico.

El género ensayístico practicado por Zambrano es, por la elegante y refinada escritura que lo cubre, inconfundible. Deudor acaso de la tradición española que inicia Clarín y que prosiguen Unamuno, Ortega o Azorín, pero reconocible a primera vista en ese escenario del pensamiento a medio camino entre lo filosófico y lo literario, la literatura hecha filosofía.

Para comprender desde el principio la finalidad de un libro como Persona y democracia - publicado por Zambrano en Puerto Rico en 1958 - tenemos que adentrarnos en algunas de sus páginas y atenernos a lo que María Zambrano opina acerca de las palabras: “Pues las palabras, sobre todo ciertas palabras vigentes, no dicen en realidad lo que está contenido en su significación, sino mucho más. Están cargadas de sentidos diversos, cuya explicación depende del momento en que han sido usadas, de cómo y hasta por quién. De ahí, ciertas palabras queden inservibles después del uso inmoderado que de ellas se ha hecho, o desacreditadas cuando se las emplea para enmascarar fines inconfesables, o vacías, huecas o gastadas y sin valor como moneda fuera de curso y sin belleza.”

¿Qué era la democracia cuando María Zambrano redactó este libro suyo en la Europa de los años cincuenta? Persona y democracia fue finalizado el 23 de julio de 1956 en Roma y publicado, como ya dijimos, dos años más tarde en Puerto Rico.

Esa vieja Europa estaba muy cerca de su segundo fracaso civil y aún se relamía las heridas de la reciente contienda bélica sin explicarse muy bien qué era lo que había sucedido y hasta qué punto no estaba en peligro de volver a repetirlo. También la España republicana de Zambrano había desaparecido y nuestra autora había sido obligada a exiliarse tras el nuevo orden de la dictadura impuesta.

Es decir, el concepto de democracia estaba en crisis y las preguntas sobre su vigencia eran más numerosas que las respuestas que se podían dar.

¿Y qué ocurre hoy con expresiones tan aparentemente cristalinas como democracia? ¿Tiene algo que ver la democracia de nuestros días con la democracia originaria ateniense?

La democracia criticada por Sócrates, por Platón y por Aristóteles era en su nacimiento elgobierno (kratos) del pueblo (demos). Pero, ¿quiénes formaban parte de ese pueblo? En principio, tres grandes sectores de la población en general quedaban fuera de ese tratamiento. En primer lugar, las mujeres; después, los extranjeros, que vivían y trabajaban en Atenas, pero no habían nacido en la ciudad, en tercer lugar, los esclavos.

Por lo tanto, la ciudadanía, los individuos que tenían derecho a opinar y a votar las decisiones, era una cuarta parte de la población. Con lo que queda de manifiesto la distancia conceptual que existe entre la democracia de la antigüedad y la democracia a la que aspiramos en estos tiempos y a la que aspiraba Zambrano en los años cincuenta postbélicos.

¿Es la democracia una simple receta política y jurídica? ¿Existe la democracia en un país donde pervivan las desigualdades culturales, educativas y sociales?
Estas son las cuestiones que se plantea María Zambrano en su libro aludido.
Para la María Zambrano de 1956, la democracia es todavía un proyecto, algo que se encuentra en estado naciente.

Y para llegar a la perfección democrática, a la perfección de una sociedad democrática, es necesario que esa sociedad experimente la misma mutación que se ha dado en la historia de la humanidad del individuo en persona.
Por eso Zambrano cuando intenta su definición particular de democracia invoca esos principios aludidos: “ Si se hubiera de definir la democracia, podría hacerse diciendo que es la sociedad en la cual no sólo es permitido, sino exigido, el ser persona.”

No es difícil establecer una ecuación desde el pensamiento de Zambrano donde el individuo sería a la masa lo que la persona al pueblo. La persona, para Zambrano, es una forma con la cual afrontamos la vida, la relación y el trato con los demás, con las cosas divinas y humanas, y se es más persona cuando somos capaces de pensarnos a nosotros mismos, de tener conciencia y de activar el pensamiento ante lo que nos rodea. Si esas condiciones se aceptan por la colectividad, entonces estaríamos en una sociedad verdaderamente democrática. El individuo significaría para nuestra autora aquel comportamiento que representa una oposición a la sociedad, un antagonismo con cualquier forma de relacionarse y de desarrollar potencialidades como las adjudicadas a la persona.

Para la María Zambrano que deja atrás dos guerras mundiales y una guerra en su propio país, la democracia teórica a la que se ha referido antes como proyecto, como camino de perfección donde la persona tendrá tanto que ver, es sólo eso: un proyecto, pues la realidad de su entorno histórico no le dice lo mismo en un periódico histórico tan influido aún por los acontecimientos bélicos recientes.

En Persona y democracia, Zambrano contrasta constantemente los monolitismos absolutistas con los equilibrios democráticos. Igual que la persona ha de exigirse una atención constante al cambio de las situaciones vitales y una acción constante para reacomodarse a la vida, así la democracia será el régimen de la unidad de la multiplicidad, del reconocimiento, por tanto, de todas las diversidades y las adversidades, de todas las diferencias de situación. La batalla que libra la persona para adaptarse gradualmente a la realidad, es la misma que libra la democracia para encontrar salidas colectivas a las nuevas circunstancias.

Feliz es la comparación que María Zambrano establece entre los absolutismos políticos apegados a la quietud, al estatismo, de los órdenes arquitectónicos, y los sistemas democráticos, apegados al movimiento de los órdenes musicales.

Un ejemplo de la quietud absoluta bien podría ser el Palacio-Panteón de San Lorenzo del Escorial, donde Felipe II quiso simbolizar su ideal de la historia, de la realidad vida-muerte. Detener la historia en un eterno presente.

La democracia participaría de las características de la sinfonía, que “hemos de escucharla, actualizarla cada vez: hemos de rehacerla en cierto modo, o sostener su hacerse: es una unidad, un orden que se hace ante nosotros y en nosotros. Nos exige participación. . 
Hemos de entrar en él para recibirlo.” La democracia no es un edificio, es una pieza musical.

Se ha dicho que María Zambrano, al superar en sus ensayos el dictado abusivo del racionalismo y al reclamar la razón intuitiva, inauguró el pensar del siglo XXI. Acaso tal mérito le pertenece, pero nada de eso era posible conseguirlo si no se hacía a través de la escritura creadora que nunca perdió el pulso frente a los prejuicios académicos, y de la pasión tan continuada por discernir el ser profundo de los humano en todas sus dimensiones. Ahí residen las fortalezas de la delicada obra de Zambrano. 


Solidaridad.net

CLAROS DEL BOSQUE

MARIA ZAMBRANO




Claros del bosque se interpreta como una guía, un secreto íntimo y personal: la poesía como reveladora del ser, que complementa y expande, en algunos aspectos esta obra. Plantea el acercamiento a la divinidad de parte de la filósofa malagueña, un acercamiento que está basado en un saber de experiencias con connotaciones místicas, de manera que la ontología que Zambrano propone es el resultado de un descifrar el sentir sobre el ser oculto, exponiendo múltiples reflexiones en torno al misticismo como creencia y como expresión poética, además de presentar una suerte de ideología o cosmovisión, ya que si bien la mística sucede dentro del alma, también está fundada en la naturaleza propia del hombre y en modo alguno es ajena a lo humano. En suma, nos encontramos ante una obra que dialoga con la mística, la filosofía racionalista y la mitología, pero también con la filosofía órfica y gnóstica, y en la que la poesía juega un papel insoslayable como reveladora del ser.





¿Qué  es el hombre? 
Por MARTIN BUBER



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Este libro es un esbozo de antropología filosófica. Desde el comienzo de la historia el hombre sabe que él es el objeto de estudio por excelencia, pero parece que no se atreviera a abocarse a este problema. A veces inicia la tarea, pero pronto se ve sobrecogido por la inmensidad de esta ocupación, y vuelve atrás, para volver a intentarla después de cierto tiempo.

Se encontrará en este libro la historia de la meditación del hombre mismo. Desde Kant, que señaló con gran agudeza la tarea propia de una antropología filosófica, hasta nuestros días, en que el problema antropológico parece haber llegado a su madurez, cuando se le reconoce y trata como un problema filosófico independiente. En este sentido, la discusión con Scheler y con Heidegger está llamada a cumplir el cometido de que el lector conozca de viva voz el acento humano de ambos pensadores.


NOTA SOBRE EL LIBRO Y EL AUTOR

Este libro sencillo y profundo —elaboración de un cursillo de verano en la Universidad Hebrea de Jerusalén, 1938— no es ni mas ni menos que un esbozo de Antropología filosófica. No se trata de un autor con afán de originalidad sino de un hombre largamente preocupado con el tema y para cuyo examen sereno se allega a entablar un diálogo acendrado, pero de incandescente claridad con las respuestas contemporáneas que más importan. En este sentido, con Heidegger y con Max
Scheler cumplirá, creemos, el cometido importante de que el lector pueda conocer de viva voz el acento humano de lo que hasta ahora no cató, por lo general, más que en versiones académicas asépticas o en presentaciones literarias un poco truculentas. Se trata, en los Breviarios, de “estar al día” lo cual, por lo menos en cuestiones que atañen al hombre, significa algo más que una almidonada mise au point.

Martin Buber nació en Viena en 1878. Pasó los años de adolescencia en Lemberg, en casa de su abuelo, Salomón Buber, uno de los dirigentes más destacados del movimiento
racionalista e ilustrador dentro de las comunidades judías de esa región. En este centro intelectual de la judería europea oriental, Martin Buber pudo pronto entrar en contacto con los grupos “jasidistas”, de inspiración mística, y parece que su pensamiento será respaldado, en definitiva, por estas dos grandes influencias.
Estudió en las universidades de Viena, Berlín, Leipzig y Zurich, almacenando una
asombrosa información filosófica, artística y literaria. Discípulo de Dilthey, fue amigo de Max Scheler y conoció de raíz y vivamente los últimos grandes movimientos filosóficos de Alemania. De aquí que su voz discrepante resulte tan excepcionalmente instructiva.
Además de haber publicado, 1916-1924, la gran revista Der Jude, tradujo al alemán la
Biblia, en colaboración con Franz Rosenzweig, y esta versión se ha hecho famosa por su belleza y, sobre todo, por una fidelidad al texto verdaderamente revolucionaria. Profesor, antes de la guerra, de Religión Comparada en la Universidad de Francfort, se vio obligado a abandonar Alemania en 1938, y ahora explica con brillo extraordinario la cátedra de Filosofía Social en la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Se están traduciendo al inglés todas sus obras y, apenas aparecido el primer volumen (Yo y tú), sus ideas han comenzado a ejercer una honda influencia. Un novelista de fama, Leo H. Myess, confesó que la lectura de este libro le hizo cambiar por completo su visión del mundo y de la vida. Aposentado en una “delgada arista”, porque ni su pensamiento ni su vida pueden pasearse por las claras alamedas de un sistema cualquiera, Martin Buber establece el principio “dialógico” —la presencia sustancial del prójimo— como única posibilidad humana del acceso al Ser. Así se coloca decididamente enfrente del individualismo in extremis y del colectivismo in excelsis: de la ficción y de la ilusión.


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LA PIMPINELA NEGRA

COMIC NELSON MANDELA









¡UBUNTU!

Madiba Mandeba siempre fue una persona Ubuntu, esa filosofía ética sudafricana que defiende que una persona se hace humana a través de las otras personas por lo que ego, egoísmo o egocentrismo son palabras que carecen totalmente de valor.

Pasa 18 de los 27 años que pasaría en la cárcel en la prisión de Robben Island, un islote frente a Ciudad del Cabo rodeado de tiburones y sin casi vegetación. En Robben Island las condiciones son durísimas, pero en el caso de Mandela, condenado al régimen más severo de aislamiento, todavía son peores: solo puede recibir una visita y una carta cada seis meses. Allí es condenado a trabajar en la cantera picando piedra de sol a sol. Su firme convicción y su férrea voluntad hacen que pueda sobrevivir a esas condiciones sin renunciar jamás a ser él.


“Invictus”, un poema del poeta inglés William Ernest Henley, escrito en 1875 le ayudó a resistir cuando llegaban los momentos peores.


“En la noche que me envuelve,
negra, como un pozo insondable,
doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias
no he gemido, ni llorado.
Ante las puñaladas del azar,
si bien he sangrado, jamás me he postrado.
Más allá de este lugar de ira y llantos
acecha la oscuridad con su horror.
No obstante, la amenaza de los años me halla,
y me hallará, sin temor.
Ya no importa cuan recto haya sido el camino,
ni cuantos castigos lleve a la espalda:
Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”


El poema “Invictus”, de una belleza impresionante y sobrecogedora, es un canto a la fe, a la libertad y a la resistencia humana enfrentadas a los momentos más desoladores, solitarios y terribles de la existencia.


No es de extrañar que el poema fuera escrito por un hombre que fue niño condenado a la enfermedad y la minusvalía; no es de extrañar que este poema le sirviera de guía y consuelo espiritual a Nelson Mandela mientras estaba encarcelado y era humillado y vejado por su ideas, por su compromiso ético y político con los suyos, consigo mismo


Fuente: http://educacionysolidaridad.blogspot.com.es/2013/12/no-podemos-vivir-como-gatos-gordos-si.html








Espiritualidad

  San Juan de la Cruz. Obras completas.
  Santa Teresa de Jesús. Obras completas.
  Santa Teresita de Lisieux. Obras completas.
  San Juan de Ávila. Obras completas.
  San Ignacio de Loyola. Ejercicios espirituales.
  San Francisco de Asís. Escritos completos.
  Santa Clara de Asís. Escritos completos.

Yann Martel
La vida de Pi


Pi Pattel es un joven que vive en Pondicherry, India, donde su padre es el propietario yencargado del zoológico de la ciudad. A los dieciséis años, su familia decide emigrar a Canadá y procurarse una vida mejor con la venta de los animales. Tras complejos trámites, los Pattel inician una travesía que se verá truncada por la tragedia: una terrible tormenta hace naufragar el barco en el que viajaban.

En el inmenso océano Pacífico, una solitaria barcaza de salvamento continúa flotando a laderiva con cinco tripulantes: Pi, una hiena, un orangután, una cebra herida y un enorme macho de tigre de Bengala. Con inteligencia, atrevimiento y, obviamente, miedo, Pi tendrá que echar mano del ingenio para mantenerse a salvo mientras los animales tratan de ocupar su puesto en la cadena alimentaria y, a la postre, tendrá que defender su liderazgo frente al único que,previsiblemente, quedará vivo. Aprovechando su conocimiento casi enciclopédico de la fauna qua habitaba el zoológico, el joven intentará domar a la fiera, demostrar quién es el macho dominante y sobrevivir con este extraordinario compañero de viaje. Yann Martel consigue con talento, humor e imaginación un ejercicio narrativo que deleita y sorprende a un lector que, cautivado por una de las historias más prodigiosas de los últimos tiempos, se verá atrapado hasta el asombroso e inesperado final.



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EL EXTRANJERO,
DE ALBERT CAMUS








El extranjero

El extranjero (título original francés L’Étranger, 1942) es una novela del escritor francés Albert Camus. El personaje de la obra es un ser indiferente a la realidad por resultarle absurda e inabordable. El progreso tecnológico le ha privado de la participación en las decisiones colectivas y le ha convertido en "extranjero" dentro de lo que debería ser su propio entorno.

Argumento

El protagonista, el señor Meursault, comete un absurdo crimen y, a pesar de sentirse inocente, jamás se manifestará contra su ajusticiamiento ni mostrará sentimiento alguno de injusticia, arrepentimiento o lástima. La pasividad y el escepticismo frente a todo y todos recorre el comportamiento del protagonista: un sentido aburrido de la existencia y aun de la propia muerte.

Comentarios

La obra de Camus advierte sobre el hombre que se está creando. Es una denuncia frente a una sociedad que olvida al individuo y le priva de un sentimiento de pertenencia activa en la comunidad. Fue premonitorio respecto al ciudadano occidental que se encontrará la sociedad tras la II Guerra Mundial.

Camus escribió una obra provocadora en cuyo trasfondo aparece el rostro desgarrado de una Europa herida y violada por dos guerras mundiales, pintó una historia gris donde el paisaje está oscurecido por la extirpación de cualquier pasión o voluntad del hombre.

Meursault es el personaje que encarna ese sentimiento de profunda apatía por todo lo que le rodea haciéndose de manera más ostensible en la actitud ante la muerte de su madre,
…pensé que, al cabo, era un domingo de menos, que mamá estaba ahora enterrada, que iba a volver a mi trabajo y que después de todo, nada había cambiado…

Meursault personifica la carencia de valores del hombre, degradado por el absurdo de su propio destino, ni el matrimonio, ni la amistad, ni la superación personal, ni la muerte de una madre... nada tenía la suficiente importancia ya que la angustia existencial de este antihéroe inundaba todo su ser.

Así su ateísmo estaba justificado, la vida no tenía ningún sentido fuera de uno mismo, la confianza en fuerzas externas a él mismo le producía una sensación de caída hacia el abismo de lo incierto.
La búsqueda de la felicidad no se hallaba en esa religión, ni en la confianza en una sociedad cuyos mecanismos y leyes son desconocidos al individuo, la felicidad se encontraba en uno mismo, en la seguridad de la propia existencia, en la conciencia de ser y cuyo fin es el mismo conocimiento del ser.

ninguna de sus certidumbres valía más que un cabello de mujer […] yo parecía tener las manos vacías. Pero yo estaba seguro de mí, seguro de todo, más seguro que él, seguro de mi vida y de esa muerte que iba a llegar. Si era lo único que tenía…

Meursault se transforma así en un extranjero que juzga y remueve los fantasmas de una sociedad angustiada, cuya moral, carente de sentido, regula la vida de un todo social. Esa moral que condena a muerte de igual manera a un hombre que no llora la muerte de una madre que a un asesino,
En nuestra sociedad, un hombre que no llora en el funeral de su propia madre corre el peligro de ser sentenciado a muerte por la sociedad…
esa muerte que resulta ser la única opción posible para consumar la búsqueda de la propia existencia.











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Delibes: "Un talento al servicio de la Verdad", de camino a la eternidad

Redacción - 14/03/2010

El viernes amanecíamos con la triste noticia del fallecimiento del ilustre académico, Miguel Delibes, que a la edad de 89 años nos decía adiós en Valladolid, su localidad natal. Con más de un centenar de obras escritas, este maestro de la palabra será especialmente recordado por “El camino”, libro que relata las primeros descubrimientos del mundo de un chiquillo, “La hoja roja”, narración de un jubilado que observa con detenimiento los últimos días de su vida, “Cinco horas con Mario”, irónica y sarcástica conversación de una viuda frente al féretro de su marido.

El funeral, como era de esperar, se ha convertido en un emotivo encuentro de autoridades y vallisoletanos que gritaban “maestro” al paso del féretro. Así, la herreriana catedral de Santa María se convirtió ayer en el escenario donde se ha albergado el último tributo a quien "nos enseñó a mirar", como reza la dedicatoria de una de las centenares coronas de flores a él dedicadas y firmada por Pacífico Pérez, protagonista de "La guerra de nuestros antepasados".

"No sólo Valladolid tiene en él a su novelista más emblemático, sino España entera y también la amplia comunidad de hispanohablantes", ha reflexionado durante su homilía el administrador diocesano de Valladolid, monseñor Félix López Zarzuelo, delante de los siete hijos del escritor.

La vicepresidente primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, y la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, que estaban presentes han podido escuchar las palabras del prelado sobre la "reiterada condena al aborto" y la defensa "de cualquier brizna de vida humana" que siempre caracterizó a Delibes, y a una obra donde nunca ocultó la "dimensión trascendente del hombre y su relación con Dios".

Un talento al servicio de la Verdad

Monseñor López Zarzuelo destacó la "deuda impagable" contraída con un periodista y narrador "a quien no sólo debemos un sólido manejo del idioma, sino también el haber puesto su talento "al servicio de la verdad desde su encarnación en el humanismo cristiano".

Se preocupó del hombre desde la infancia ("El príncipe destronado") y la adolescencia ("El camino"); se ocupó de la promoción de la mujer ("Cinco horas con Mario"); abordó los valores de la familia ("Mi idolatrado hijo Sisí"); no olvidó a los más desfavorecidos ("Los santos inocentes"); ensalzó la sabiduría del mundo rural ("El disputado voto del señor Cayo") y apeló a la concordia con quienes piensan distinto ("El hereje"), ha dicho.

Al finalizar la Eucaristía, desde el mismo altar, el primogénito de Miguel Delibes, el biólogo del mismo nombre y apellido, agradeció las numerosas pruebas de afecto vertidas hacia la familia y a la figura de su padre, "que en los últimos tiempos tenía más ilusión en la otra vida que en ésta", según ha reconocido.

Centenares de personas aguardaban en el atrio y en calles adyacentes los restos mortales del escritor para darle de mano, y que entre ayer y hoy han sido despedidos por las aproximadamente 20.000 personas que han visitado la capilla ardiente, instalada en la Casa Consistorial y desde donde, este mediodía, ha partido el cortejo fúnebre en medio de un impresionante fervor popular.

”Aunque te vayas, sigue escribiendo”
Más de una docena de libros de adhesiones, expuestos en el velatorio, han reunido gavillas de comentarios, elogios y agradecimientos con la sencillez de la inspiración, el calor de lo espontáneo y el candor de lo popular.

"Aunque te vayas, sigue escribiendo", le ha pedido una niña a través de un deseo que encierra una precisa definición de la inmortalidad que ya habita Miguel Delibes y hacia la que ha partido junto a varias coronas enviadas por los reyes, el Ministerio de Cultura, la Academia de la Lengua, el Ayuntamiento de Valladolid, la Ciudad de Salamanca, el diario El Norte de Castilla y el Ayuntamiento del Valle de Sedano (Burgos).

Actores como María Fernanda D'Ocon (Desi en la versión teatral de "La hoja Roja") y Juan Antonio Quintana; escritores como Gustavo Martín Garzo y el académico José Antonio Pascual, además de amigos íntimos como el etnógrafo Joaquín Díaz, han despedido al novelista junto a un nutrido elenco de representantes institucionales.

FUENTE: http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?IDNodo=-3&Id=46572





HUMANÍSIMO DELIBES

ABC
José Manuel de Prada
13/03/10

Escribo este artículo con el alma en los zancajos, palpando las paredes de la escritura como un ciego al que acabasen de encerrar en una cárcel que no conoce. Las palabras se resisten a acudir a mi pluma; llegan vestidas de luto, en procesión exhausta y cabizbaja, como si renegaran de su sonoridad. En cada una de esas palabras anida la orfandad, porque se me ha ido un maestro al que tributé mi veneración desde la infancia, al que he leído sin descanso desde entonces, como quien acude a un manantial de aguas cristalinas cada vez que lo acucia la sed. Hoy me ocurre lo mismo que a esas viejas casonas atestadas de muebles a las que la mudanza de sus amos convierte en hangares lóbregos. ¿Quién se atreverá a habitarlos después de que su dueño se haya marchado?

Cuando un amigo se nos muere, algo de nosotros mismos se muere con él. Con la muerte de Miguel Delibes se muere un poco la literatura, que ha sido la vocación que ha iluminado mis días, la vocación que su alto ejemplo alimentó, allá en mi juventud provinciana y retraída. No tuve la suerte de contarme entre sus amistades; pero la admiración que siempre le he profesado ha sido una forma de silenciosa y obcecada amistad. Para testimoniarla, en los anaqueles de mi biblioteca se alinean, comprados con las propinas de los domingos, los modestos volúmenes de bolsillo de la editorial Destino, donde Delibes fue publicando, con impertérrita lealtad, casi toda su obra. En ellos he encontrado siempre una literatura empeñada en el hombre, una respiración fraterna que detiene su mirada en los humillados y en los ofendidos, en los débiles y en los solitarios, en ese magma de herida y trémula humanidad que se ha quedado sin voz, que se ha quedado sin norte, que se ha quedado sin resuello. Y sobre toda esa humanidad sufriente la escritura de Delibes descendía como un bálsamo reparador.

Delibes era, ante todo, un creador de personajes, palpitantes de pasiones ancestrales que a veces apenas se nombraban y a veces adquirían la resonancia del trueno, sobre el telón de fondo del paisaje castellano, que nadie como él supo elucidar, que nadie como él supo amar de un modo tan arrebatadamente tranquilo, si el oxímoron es tolerable. Personajes que aman con atolondramiento y sufren con una suerte de resignada beatitud, que miran el mundo con una perplejidad recién estrenada, que sienten y callan pudorosamente; y también personajes enardecidos de un odio ancestral, personajes entreverados de alimaña o bestia acorralada, personajes ásperos y sufridos como la tierra que los modeló, personajes humanísimos en busca de Dios o del diablo, en busca de un milagro o de una redención. ¿Cómo olvidar el candor rebelde del Nini, el patetismo hondo del viejo Eloy, las tribulaciones menudas del cazador Lorenzo, la nobleza campesina y elemental de Pacífico Pérez, el conmovedor desgarro de Daniel el Mochuelo, la escarnecida inocencia de Azarías, el atribulado monólogo de Carmen ante el cadáver de Mario? Son criaturas únicas que nos acompañarán siempre, con su dolor ensimismado y su pequeñez aterida; criaturas sostenidas por un hilo de hermosa e invicta caridad, que es el signo distintivo del verdadero escritor.

En pocos escritores como en Delibes se confirma de manera tan cabal aquel axioma que identifica el estilo con el hombre. Era el suyo un estilo transparente, austero, templado, como una luz de domingo derramándose sobre la meseta castellana; un estilo sin alardes formales, pero al mismo tiempo desdeñoso de afectados desaliños, que devolvía a las palabras su misión primigenia de mencionar con exactitud las cosas y desvelar su sentido más profundo. Descansa en paz, maestro; con tu obra contribuiste a salvar lo que queda de humano dentro de nosotros.

DESPOJOS;
 NADINE GORDIMER

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UNA ARMA EN CASA;

Nadine Gordimer




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Un arma en casa de Nadine Gordimer:

La vida de los Lingord, un matrimonio liberal de Suráfrica, sufre un vuelco cuando su hijo Duncan mata a uno de sus compañeros de piso. El joven ha confesado su autoría, pero no el motivo del crimen. Para afrontar el proceso, los Lingord recurren a un abogado negro recién regresado del exilio, una elección arriesgada en un país donde sólo formalmente se ha puesto fin a la discriminación racial.


LA HIJA DE BURGER
Nadine Gordimer



Resumen:

Rosa era apenas una niña cuando su padre Lionel Burguer, fue condenado a cadena perpetua por promover la revolución en Sudáfrica. Esta no era la primera vez que lo encerraban, pero sí sería la última. Al morir su padre en la cárcel, empezará para Rosa un camino que la llevará a replantearse lo que realmente significa ser la hija de Burguer. Los orígenes del Partido Comunista de Sudáfrica, las reuniones de blancos y negros en torno a la piscina familiar los domingos, la resistencia, la lucha anti-apartheid. . . Todo lo que ella ha vivido, o conocido a través de la narración de su padre, se irá matizando gracias al contacto de Rosa con esporádicos amantes, amigos de la familia y paisajes de la memoria, hasta adquirir una nueva luz. Intensa novela de política y pasiones, La hija de Burguer es ante todo el penetrante retrato de una mujer impetuosa.



Sobre Nadine Gordimer


Novelista y escritora de cuentos surafricana, premio Nobel, valorada por su estilo apasionado y ameno. Su obra se nutre de los sentimientos de frustración social y política en una Suráfrica dividida racialmente, y refleja su postura crítica a la censura política y al racismo. Gordimer nació en Springs (Suráfrica), en una familia judía de clase media y estudió en la Universidad de Witwatersrand. Publicó su primer cuento a los 15 años. 

Después de La suave voz de la serpiente (1956), su primer libro importante de cuentos, publicó Seis pies de tierra (1956), La huella del viernes (1960, ganadora del premio literario W.H. Smith and Son de 1961) y No para publicarlo (1960). Estos libros narran incidencias de la vida cotidiana en Suráfrica, a menudo desde el punto de vista de una persona de clase media, analizando las tensiones entre los distintos grupos raciales bajo la rígida segregación del apartheid. Sus novelas Mundo de extraños (1958), Ocasión para amar (1963) y El desaparecido mundo burgués (1966) también abordan estos temas. Gordimer presenta la situación de la gente de color con gran sensibilidad para expresar los sentimientos encontrados de la gente blanca liberal, forzada a vivir en un sistema que creen equivocado. Su novela El conservador (1974), que describe cómo un hombre blanco explota a sus empleados negros para su lucro personal, compartió en 1974 el premio Booker. La hija de Burger (1979) explora los sentimientos divididos de una mujer blanca sobre el apartheid cuando su padre comunista es encarcelado por oponerse al sistema. Gente en julio (1981) mira hacia el futuro retratando una familia blanca que logra huir de una guerra civil gracias a la ayuda de sus criados negros. En La historia de mi hijo (1990) un joven negro trata de entender los conflictos de la vida privada y pública de su padre. En 1991, Gordimer ganó el Premio Nobel de Literatura. En 1994 escribió la novela Nadie que me acompañe. 

JULIÁN MARÍAS
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

PROLOGO DE XAVIER ZUBIRI
EPILOGO DE JOSÉ ORTEGA Y GASSET


Julián Marías Aguilera (Valladolid, 17 de junio de 1914 – Madrid, 15 de diciembre de 2005), doctor en Filosofía por la Universidad de Madrid, fue uno de los discípulos más destacados de Ortega y Gasset, maestro y amigo con quien fundó en 1948 el Instituto de Humanidades (Madrid).

Sobresaliente ensayista y distinguido filósofo, Julián Marías no enseñó en la Universidad española franquista por discrepancias ideológicas, pero fue conferenciante en numerosos países de Europa y América y profesor en varias universidades de Estados Unidos. Su presencia en el mundo intelectual español ha sido constante: colaborador de relevantes periódicos, fue miembro de la Real Academia desde 1964 y senador por designación real entre 1977 y 1979. Presidió la Fundación de Estudios Sociológicos (FUNDES)  desde su creación en 1979 hasta que falleció. En 1996 se le concedió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, compartido con Indro Montanelli.



El Hombre que fue Jueves, G. K. Chesterton

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El Hombre que fue Jueves, G. K. Chesterton

Por Luisfer Romero Calero, en 14 de Julio de 2007


A todas luces, Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) es uno de los novelistas más infravalorados de la literatura universal. Su influencia en la literatura anglosajona es omnipresente, sin embargo, no ha gozado de la popularidad y de la aceptación que debiera, sobretodo porque se tiende a pensar que El Hombre que fue Jueves es su única novela. Si bien es la más representativa, el conjunto de la obra de Chesterton es tan considerable y llamativo que resula imposible no pasar por alto El Hombre Eterno, Ortodoxia, El Hombre que Sabía Demasiado, o su excelente biografía sobre Charles Dickens.

Mereció los elogios de escritores como Aldous Huxley, Clive Staples Lewis, Martin Amos, Anthony Burgess, Franz Kafka, Orson Welles, José Luis Borges o Gabriel García Márquez, entre otros muchos.

Quizá lo que aleja a Chesterton del público en general es su importante temática religiosa, muy visible por ejemplo en El Hombre Eterno, de claro ámbito teocrático y en concreto católico. Sin embargo, El Hombre que fue Jueves se limita a ser una sátira político-socio-económica. A Chesterton le encantaban las paradojas, y de hecho esta novela es una paradoja en sí.

Contado en clave humor finísimo y brillante, se relatan las andanzas del policía Gabriel Syme, que se infiltra en una red pseudo-terrorista donde todos los cabecillas poseen el nombre de un día de la semana. Gracias a su soltura y su increíble oratoria, entre sarcástica y removedora de la conciencia, se convierte rápidamente en Jueves.

Con un ritmo fluido y un estilo narrativo asombroso, el enjambre de conspiraciones, traiciones y demás elementos de intriga, Gabriel Syme va descubriendo que todos los demás “días” son a su vez infiltrados en el grupo terrorista, todo ello en medio de un pensamiento ambiguo sobre los deseos del pueblo, que se mueve entre la quimera de la anarquía y la resignación ante la arbitrariedad del gobierno.
La novela es muy visual e impactante. Algunas escenas son descritas y creadas con un talento pocas veces visto, ni que decir que tiene un espíritu de innovación arrollador, y más si tenemos en cuenta que fue escrito en 1907. No sólo por lo ya comentado, sino porque al relato, ciertamente un thriller moderno, se le complementa un ambiente onírico y surrealista y unas citas verdaderamente inolvidables, constituyendo una obra indispensable.

Pretende ser una comedia de suspense alegórica, donde todo es un símbolo, incluidos los personajes, los diálogos y los escenarios, de forma que llegamos a un final que bien podría ser de ciencia ficción, sin perder la dinámica del libro, repleta de metafísica, juegos de palabras, y una profunda observación sobre la vida, a caballo entre la revolución de pensamiento y el optimismo más utópico, que la hace muy agradable de leer.

Imprescindible, para todo tipo de lectores, sea cual sea su forma de pensar, o frecuencia de lectura. Engancha a más no poder, y lo mejor de todo: al terminar el libro, es de obligación quedarse horas dándole vueltas a lo leído, y llegar a conclusiones personales esbozando una sonrisa.



Los SANTOS INOCENTES, Miguel Delibes




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A Miguel Delibes le debemos obras impagables como El camino, Cinco horas con Mario o la última, El hereje. Pero todos recordamos sus santos inocentes, el drama rural de Extremadura que publico en 1981 y que fue llevada al cine por Mario Camus. Las interpretaciones de Paco Rabal y Alfredo Landa forman parte de lo mejor de nuestro cine mas reciente. El escritor castellano, Premio Miguel de Cervantes, ambientó en Extremadura un libro en el que aparecen señoritos, criados, la caza y unas relaciones sociales de un mundo que agoniza. Y por supuesto, la inolvidable “milana bonita”.



“CON LOS HUMILLADOS: VERDAD Y LITERATURA”, por Santos Sanz Villanueva

La vida en el campo ocupa muchas de las páginas de Miguel Delibes. En ocasiones, el escritor ha adoptado la mirada del periodista, del ensayista o del experto cazador que habla de su propia experiencia. Entonces ha denunciado el postergamiento social y económico o ha defendido posturas conservacionistas que avisan de los peligros que amenazan a la naturaleza constantemente degradada. Otras veces su pluma ha dado vida al campo recreando existencias ajenas en cuentos y novelas de los que brota un hondo sentir según el cual lo rural tiene algo de Arcadia feliz y algo, también, de una realidad limitada y dura. Estas preocupaciones han tenido casi siempre como escenario las tierras castellanas que el vallisoletano conoce al detalle. Ese marco habitual en él lo cambia en Los santos inocentes por la geografía extremeña para dar autenticidad a una historia trágica que contrapone dos mundos, el de los terratenientes y el de los campesinos a su servicio.

Los santos inocentes se inserta en la tradición del drama rural, un género cuya meta consiste en presentar la injusticia y la existencia primitiva en lugares apartados del progreso, en los cuales todavía rigen relaciones de corte feudal. En este sentido, la novela no se aparta de los rasgos convencionales y esperables en esta modalidad literaria. Hay en ella dos grupos humanos opuestos por la clase social. Por un lado, los señores, propietarios de origen noble, que llevan la arbitrariedad al límite del más cruel despotismo. Por otro, las familias que se ocupan de las labores campesinas, sojuzgadas, auténticos siervos. A lo largo del relato se suceden pequeños hechos cotidianos o habituales: la pasión por la caza del señorito Iván o los trabajos agrícolas y ganaderos desempeñados por los criados. Menudean significativos datos testimoniales que acreditan el conservadurismo clasista de los señores y las condiciones infrahumanas en que viven los empleados. En fin, no falta la violencia que llega a adoptar la forma de homicidio.

Este puñado suscinto de elementos le sirven a Delibes para construir un relato animado y vivaz guiado por un propósito de denuncia. Con semejantes mimbres se han escrito a lo largo de la historia otras muchas obras. El mérito de Los santos inocentes no se halla, pues, ni en la selección de personajes, ni en las anécdotas, ni en la recreación ambiental, ni en la intencionalidad crítica. El acierto del escritor está en haber convertido en obra de arte extremadamente singular los materiales que maneja. Los personajes tienden al estereotipo de buenos y malos, pero lo superan hasta convertirse en seres humanos de una verdad y hondura absolutas. El escenario resulta inédito gracias a la plasticidad de las descripciones. Las anécdotas, en su deliberada insignificancia, aportan ese interés por conocer sucesos indesligable de la mayor y mejor tradición del género novelesco. Y, en cuanto al compromiso del escritor con la justicia, no hay en la obra ni un solo gramo de propaganda, ni tampoco se proponen mesianismos redentores: la verdad desnuda y escueta de los personajes y de sus acciones produce un emocionado y contundente alegato contra los poderosos y a favor de los desheredados.

Este feliz agregado de aciertos parciales es sólo una clave del acierto global de Los santos inocentes, el cual radica en su ideación general, suma de tradición y vanguardia. Miguel Delibes siempre ha defendido un relato tradicional basado en tres componentes inexcusables, “un hombre, un paisaje y una pasión”, según su conocida definición de la novela. En este drama extremeño no duda, sin embargo, en adoptar unos mecanismos narrativos de un calculado y eficaz vanguardismo. No hay, por supuesto, un gusto experimental intrínseco, sino unos recursos novedosos de gran eficacia. Es suficiente la lectura de unas pocas páginas iniciales para comprobar de qué sabia y oportuna manera incorpora las palabras puestas en boca de los personajes o el diálogo de la narración.

Le basta a Delibes con prescindir de los convencionales guiones para obtener un inusitado y brillante efecto, el de una salmodia, una especie de relato enhebrado por la voz de un contador -o cantador- de una historia que tuvo lugar en cierto tiempo -próximo y específico, pero también intemporal, ahistórico- y que se dirige al presunto oyente de la plaza pública, al modo de los juglares antiguos. Hay algo de recitativo en el discurso del narrador, con sus escenas sueltas, sus variantes o modulaciones de un asunto principal y su pausada e implacable marcha hacia la tragedia inexorable. No se trata, sin embargo, de un narrador espontáneo e inocente, pues, de vez en cuando, junto a características expresiones coloquiales, recurre a voces muy cultas. Tampoco es un narrador distante de los hechos: mantiene de éstos un cierto alejamiento y hasta los refiere el ocasiones con un punto de frialdad, pero habla desde dentro de la historia, asume o incorpora a su voz la voz de los protagonistas del drama.

He ahí el misterio desvelado del calor y la emoción, siempre controlada, que transmite el relato casi musical de quien va contando la vida secreta de un cortijo, los afanes de sus gentes, sus dolores, sus pequeñas rebeldías, su dolorosa sumisión. Ha de quedar bien claro, sin embargo, que esa forma novedosa no se debe a un prurito vanguardista deseoso de llamar la atención sobre sí mismo. Todo arte es artificio, pero la artificiosidad no figura en el ideario de Delibes. Ha tenido que ser un hallazgo intuitivo -no ajeno, por supuesto, al estudio y la meditación previos- el que ha proporcionado al autor ese punto de vista de tan admirables resultados.

En paralelo, se conjugan un realismo descarnado y una estilización poética. La novela evita la prolijidad descriptiva y se prohíbe el regodeo en la miseria o el dolor. La narración va a lo esencial humano. Y ello se recrea con una prosa que, sin perder su cualidad narrativa, se carga de elementos lingüísticos que desvían el texto de lo enunciativo e informativo. Así ocurre con las abundantes anáforas, repeticiones de varias clases, y con el frecuente polisíndeton, o reiteración voluntaria de las conjunciones. Con ello se alcanza una intensificación expresiva que se salda con un texto de auténtico carácter poemático. A la par, se produce una gran intensidad emocional.

De este modo, la crónica testimonial se convierte en una especie de poema lírico narrativo. El narrador invisible -pero cercano, sin duda, al propio autor- va deslizando su visión emocionada de los hechos referidos. Es esa emoción preñada de solidaridad lo que importa. No proporciona Los santos inocentes noticia acerca de otro episodio más del inacabable drama de las relaciones entre amos y siervos. Delibes consigue una extraordinaria originalidad al convertir el compromiso con los humillados en una emocionante narración poemática.





ENTREVISTA A MIGUEL DELIBES,


Por Manuel Llorente


“Milana bonita, milana bonita”. La ternura de “Azarías” hacia el pájaro marca el ritmo interior de una de las novelas más conseguidas de Miguel Delibes y más queridas por los lectores españoles.

El éxito de Los santos inocentes (1981) se rubricó después con la versión cinematográfica que dirigió Mario Camus (1983). Tal es así, que el que vio la película y después leyó el libro no podía tener una mirada inocente: la genial interpretación de Paco Rabal como “Azarías”, un retrasado que vive en el campo a su aire y que habla con una milana (“¡quiá, quiá, quiá!”) marca la novela.

No se queda atrás el papel de Alfredo Landa, que encarna a un campesino con gran maña para la caza y que asombra a ministros y señoritos que se acercan algunos fines de semana para cobrarse codornices, tórtolas o rebecos a un cortijo extremeño.

“La película de Camus es a mi juicio la más perfecta de las que se han hecho hasta ahora sobre mis novelas”, afirma el escritor. “Pero también La guerra de papá, El disputado voto del señor Cayo, Retrato de familia son películas buenas, aceptables dentro de lo que se hace en España en cine, pero creo que la intuición, finura, movimiento de tipos que realiza Camus en Los santos inocentes está por encima de todas las demás.

Miguel Delibes se ha pateado, muchas veces, con la escopeta al hombro, buena parte de Castilla la Vieja. Sus personajes suelen ser humildes, nuca héroes, apegados a la tierra. El poeta zamorano Claudio Rodríguez gustaba de andar por montes y vaguadas mientras pensaba sus versos. “Teníamos puntos de vista parecidos. Él pensaba como yo y como Nietzsche "que no se debe prestar fe a ningún pensamiento que no haya nacido al aire libre”, afirma el escritor.

- Pero con Los santos inocentes cambió de geografía, se trasladó a Extremadura. ¿Cómo ve ahora la novela, cambiaría algo?
Creo que las cosas han cambiado favorablemente en Extremadura. Esto quiere decir que no escribiría una novela tan dura de tener que hacerlo ahora. Habría que estudiar las cosas.

Los personajes parecen arquetipos, ¿cómo surgieron?
Es la realidad. El sur de España no era muy diferente al que creé en la novela.

Leída hoy parece que pertenecen a un mundo que agoniza.
Es posible. En realidad varias de mis novelas parecen novelas en el límite. La jubilación de don Eloy en La hora roja, Las ratas, Cinco horas con Mario, las tengo por expresión de un mundo que va desapareciendo.

La crítica dice que es una de las novelas más conseguidas...
Es una de mis novelas de observación. Yo creo que en Los santos inocentes no inventé nada, todo está más o menos recogido del natural.


Delibes se propuso hacer “una larga cantata”, tal y como confesó a Javier Goñi en el libro Cinco horas con Miguel Delibes (Anjana ediciones, 1985). Los santos inocentes, que publicó Planeta y dejó buenos dineros al escritor, se vendió como rosquillas. “Pero la verdad es que nunca imaginé que acabara siendo un best-seller”.

Hoy el libro mantiene intacta una gran violencia. “La novela, y consiguientemente la película, tiene eso y mucho más”, afirma ahora Delibes. “El hecho del retorno a la justicia natural por medio de la acción de un retrasado es impresionante. No hay maldad en el comportamiento de Azarías sino simplemente un gesto que para él es natural. El señorito no tenía poder sobre la “milana bonita”.

Delibes ha ido recogiendo en su prolífica carrera de escritor (también dirigió “El Norte de Castilla” y fue catedrático de Derecho Mercantil) numerosos premios, desde el Nadal con su primera novela, La sombra del ciprés es alargada, al Cervantes. Él matiza: “No los he perseguido, me han llegado sin reclamarlos. ¿Podrá creer que con El hereje me llegaron seis en una semana?”

Los santos inocentes, su comienzo, estuvo guardado durante “ocho o diez años. No lo sabía cerrar”, según dijo a César Alonso de los Ríos en Conversaciones con Miguel Delibes (Destino) en dos largas sesiones que mantuvieron mano a mano en 1970 y 1992. El caso es que nos ha regalado una obra maestra.



LAS RATAS 
MIGUEL DELIBES

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Antes de entrar en su análisis, repasemos brevemente el asunto que aborda esta novela. A un paso de la vida salvaje, Nini cumple once años junto a su progenitor: el tío Ratero. Habitan en el interior de una cueva y, para sobrevivir, capturan ratas de agua. Es claro que no son los únicos en depender de la naturaleza: otros lugareños viven bajo el yugo del latifundista local, don Antero, y necesitan que el campo, impredecible en todo sentido, les solucione las necesidades más inmediatas. Estamos ante una situación de absoluto desvalimiento, moralmente cancerosa, y no extraña que, sin descontar la importancia de otros factores, la increíble aspereza de esa existencia empuje a los protagonistas hacia la tragedia. De otro lado, se hace aún más íntima la relación entre el entorno y los hombres, y así, la alternancia entre civilización y barbarie se resuelve en desgarro e injusticia.



Publicada en 1962, Las ratas revela con pasión esas mismas penalidades que Delibes había tratado previamente de comentar en las páginas de El Norte de Castilla. Como bien señala Luis López Martínez, el escritor confecciona un documento social con el propósito de retratar la misérrima existencia en el páramo castellano y los atropellos que sufrían sus habitantes. Ciertamente, hay aquí un claro propósito etnográfico, en la tradición de los grandes novelistas del XIX. Nada, en apariencia, más próximo al realismo. Por otra parte, al igual que sucedía en El camino, en Diario de un cazador y en su magnífica secuela, Diario de un emigrante, «no podemos hablar de un hilo o trama argumental que una el relato de Las ratas. Lo que en esta novela se nos cuenta es la historia, un tanto deshilvanada, de un pueblo castellano donde vive un personaje real que propio autor conoció en Cuéllar (Segovia) y que se dedica a cazar ratas de agua para venderlas o para alimentarse él mismo» (La novelística de Miguel Delibes, Murcia, Publicaciones del Departamento de Literatura Española, Universidad de Murcia, 1973, p. 146).

La consternación que experimenta el lector ante el espectáculo de ese cazador furtivo, sin otro valor que la resistencia cotidiana, no es menos intensa que el asombro ante los lúcidos pensamientos del Nini, un niño que se convierte en instrumento simbólico. Por todo ello, no es aventurado inferir que, una vez más, Delibes insiste en que la injusticia siempre moldea comportamientos desviados y malogra las posibilidades de futuro. En un dominio filosófico limitado, hombres como el Ratero pueden compartir diálogo con el gran burgués Cecilio Rubes, de Mi idolatrado hijo Sisí, y hallar coincidencias en su horizonte vital. «En definitiva —concluye el escritor—, nos encontramos con dos seres frustrados y acosados por un entorno social que no sirve. De manera que incluso en estas dos novelas que (...) he presentado como antitéticas veo que está la misma idea mía, la idea de la frustración del hombre por una serie de circunstancias preferentemente de tipo social» («Miguel Delibes. Un castellano de tierra adentro», entrevista por Joaquín Soler Serrano, Escritores a fondo. Entrevistas con las grandes figuras literarias de nuestro tiempo, Barcelona, Editorial Planeta, 1986, p. 20).

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