El mundo de Sofía de Jostein Gaarder:



Poco antes de cumplir los quince años, la joven Sofía recibe una misteriosa carta anónima con las siguientes preguntas: «¿Quién eres?», «¿De dónde viene el mundo?». Éste es el punto de partida de una apasionada expedición a través de la historia de la filosofía con un enigmático filósofo. A lo largo de la novela, Sofía irá desarrollando su identidad a medida que va ampliando su pensamiento a través de estas enseñanzas: porque la Verdad es mucho más interesante y más compleja de lo que podría haber imaginado en un principio. El mundo de Sofía no es sólo una novela de misterio, también es la primera novela hasta el momento que presenta una completa –y entretenida– historia de la filosofía desde sus inicios hasta nuestros días.



ÍNDICE

El jardín del Edén
El sombrero de copa
¿Qué es la filosofía?
Un ser extraño
Los mitos
La visión mítica del mundo
Los filósofos de la naturaleza
El proyecto de los filósofos
Los filósofos de la naturaleza
Tres filósofos de Mileto
Nada puede surgir de la nada
Todo fluye
Cuatro elementos
Algo de todo en todo
Demócrito
La teoría atómica
El destino
El destino
Ciencia de la historia y ciencia de la medicina
Sócrates
La filosofía en Atenas
El hombre en el centro
¿Quien era Sócrates?
El arte de conversar
Una voz divina
Un comodín en Atenas
Un conocimiento correcto conduce a acciones correctas
Atenas
Platón
La Academia de Platón
Lo eternamente verdadero, lo eternamente hermoso y lo eternamente bueno
El mundo de las ideas
El conocimiento seguro
Un alma inmortal
El camino que sube de la oscuridad de la caverna
El Estado filosófico
La Cabaña del Mayor
Aristóteles
Filósofo y científico
No hay ideas innatas
Las formas son las cualidades de las cosas
La causa final
Lógica
La escala de la naturaleza
Ética
Política
La mujer
El helenismo
El helenismo
Religión, filosofía y ciencia
Los cínicos
Los estoicos
Los epicúreos
El neoplatonismo
Misticismo
Las postales
Dos civilizaciones
Indoeuropeos
Los semitas
Israel
Jesús
Pablo
Credo
Post scriptum
La Edad Media
El Renacimiento
La época barroca
Descartes
Spinoza
Locke
Hume
Berkeley
Bjerkely
La Ilustración
Kant
El Romanticismo
Hegel
Kierkegaard
Marx
Darwin
Freud
Nuestra época
La fiesta en el jardín
Contrapunto
La gran explosión




COMIC DE MAXIMILIANO KOLBE

ENLACE DEL COMIC (EN COLOR)

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Un ejemplo de máxima solidaridad en Auschwitz

Para ser solidario en grado sumo se requiere amar de modo incondicional. Ni los intereses y ambiciones, ni siquiera el instinto de conservación, exacerbado por la situación límite del campo de concentración, disuadieron al padre Kolbe de entregarse sin condiciones.

Llegan a Cracovia terribles noticias confidenciales acerca de lo que sucede en el campo de concentración de Oswiccim, llamado "Auschwitz" por los alemanes. Ha sido en las Navidades de 1941 cuando las familias polacas van conociendo la historia increíble de cómo murió el padre KOLBE...

Vino la guerra. Los sicarios de la Gestapo cazaron al padre Kolbe. De la prisión de Pawiak lo pasaron al infierno de Auschwitz. Lo tatuaron con el número 16.670, y le asignaron un sitio en el bloque 17 destinado a trabajos forzados: sufrió como sus compañeros humillaciones, golpes, insultos, mordiscos de los perros, chorros de agua helada cuando estaba devorado por la fiebre, sed y hambre, ¡das y venidas arrastrando cadáveres desde las celdas al horno crematorio. Auschwitz era la antesala del infierno.

Convertido en una piltrafa, Kolbe fue colocado unas semanas en el bloque 12, de los inválidos, para «reponerse». Luego pasó al bloque 14. Pertenecía al 14 el día en que un prisionero se fugó. El comandante del campo sometió al bloque a torturas espeluznantes, hasta que por fin se decidió a elegir diez presos que irían a morir en las celdas de hambre.

Formados en el centro del campo, a la vista de todos los compañeros de otros bloques, el comandante ordenó a los diez elegidos:

-Descalzaos, vais a la celda del hambre.

Los desgraciados gritaron adiós...

Y se oyó el lamento desesperado de Francisco Gajowniczek:

-Decidles adiós a mi mujer, a mis hijos, decidles adiós.

Hubo un instante de terror cuando los presos vieron que de la formación del bloque 14 uno se atrevía a salir hacia el comandante. Los guardias echaron mano a la pistola. Pero se detuvieron atónitos. Nunca nadie en Auschwitz vio que un preso le hablara al comandante. «Kolbe, es el padre Kolbe», se pasaban la noticia los detenidos. Le conocían todos, porque hablar de noche unos minutos con él servía de consuelo.

-Señor comandante...

Kolbe se ha quitado el gorro de preso y habla educadamente.

-¿Qué pasa?

-Señor comandante, yo le pido permiso para ocupar el puesto de uno de los condenados.

-¿Morir tú en su lugar? ¿Por qué?

-Yo estoy viejo y enfermo, ya no sirvo para trabajar.

-¿A cuál de los condenados quieres sustituir?

-A ese que tiene mujer y tiene hijos.

-Pero ¿tú quién eres?

-Soy un sacerdote católico.

Un cura. Kolbe sabe que las SS ponen a los curas en el segundo lugar de la basura humana. Primero los judíos, segundo los curas. El comandante cederá.

-Acepto, tú ocuparás su lugar.

Duró quince días la lenta agonía, el martirio por hambre. A los diez condenados los encerraron desnudos en el sótano, en el famoso bunker, todos juntos en la celda del hambre. Ni una chispa de pan, ni una gota de agua. Al segundo, al tercer día, comenzaron a morir. Pero aquella vez los sótanos de Auschwitz, entre lamento y lamento, escucharon plegarias y cantos a la Virgen. Los alemanes tenían un polaco guardián encargado de sacar fuera el cadáver de los que morían y de vaciar la única letrina colocada en la celda. Él lo ha contado, y su relato está en las arcas de los tribunales de justicia y en los archivos del Vaticano. Kolbe y otros tres duraron hasta el día quince: El comandante necesitaba la celda para un nuevo lote de condenados, y mandó al médico del campo que con inyección de ácido fénico apagara el último pulso de sus sus vidas.

El día en que Pablo VI puso a Maximiliano Kolbe en los altares, vino con los peregrinos de Polonia un viejecito de nombre Francisco Gajowniczek que se salvó de la muerte por hambre...

Mäs tarde Juan Pablo II afirmaría que Solidaridad es compartir hasta lo necesario para vivir. En 1982 canonizó al padre Kolbe.


Colección de vidas elemplares en comic  del año 1954 en la Editorial Novaro.

  1. Vidas Ejemplares – Beato Bernardo de Corleon
  2. Vidas Ejemplares – Beato Carlos de Foucauld
  3. Vidas Ejemplares – Doctor Ludovico Necchi
  4. Vidas Ejemplares – El padre Mateo Ricci
  5. Vidas Ejemplares – Ernesto Psichari
  6. Vidas Ejemplares – Isabel Leseur
  7. Vidas Ejemplares – Jerónimo Jaegen
  8. Vidas Ejemplares – La madre Seton
  9. Vidas Ejemplares – Lammenais, el corsario de Dios
  10. Vidas Ejemplares – Luis Querbes
  11. Vidas Ejemplares – Madre Camila Rolón
  12. Vidas Ejemplares – Monseñor Plankarte
  13. Vidas Ejemplares – Pablo VI
  14. Vidas Ejemplares – Pedro to Rot
  15. Vidas Ejemplares – San Antonio María Claret
  16. Vidas Ejemplares – San Bernardino Realino
  17. Vidas Ejemplares – San Camilo de Lelis
  18. Vidas Ejemplares – San Cayetano
  19. Vidas Ejemplares – San Cristóbal
  20. Vidas Ejemplares – San Eligio
  21. Vidas Ejemplares – San Estanislao de Kostka
  22. Vidas Ejemplares – San Eustaquio
  23. Vidas Ejemplares – San Felipe de Jesús
  24. Vidas Ejemplares – San Felipe Neri
  25. Vidas Ejemplares – San Félix de Cantalice
  26. Vidas Ejemplares – San Fernando
  27. Vidas Ejemplares – San Francisco de Asís
  28. Vidas Ejemplares – San Francisco de Borja
  29. Vidas Ejemplares – San Francisco de Sales
  30. Vidas Ejemplares – San Francisco Javier
  31. Vidas Ejemplares – San Francisco Ma.
  32. Vidas Ejemplares – San Francisco Solano
  33. Vidas Ejemplares – San Gerardo Mayela
  34. Vidas Ejemplares – San Gregorio Magno
  35. Vidas Ejemplares – San Hermenegildo
  36. Vidas Ejemplares – San Ignacio de Loyola
  37. Vidas Ejemplares – San José de Calasanz
  38. Vidas Ejemplares – San Juan Bosco
  39. Vidas Ejemplares – San Juan de Brito
  40. Vidas Ejemplares – San Juan de Dios
  41. Vidas Ejemplares – San Juan Eudes
  42. Vidas Ejemplares – San Juan Evangelista
  43. Vidas Ejemplares – San Juan María Vianney
  44. Vidas Ejemplares – San Juan XXIII
  45. Vidas Ejemplares – San Junípero Serra
  46. Vidas Ejemplares – San Lorenzo
  47. Vidas Ejemplares – San Marcelino Champagnat
  48. Vidas Ejemplares – San Martín de Porres
  49. Vidas Ejemplares – San Maximiliano Kolbe
  50. Vidas Ejemplares – San Óscar
  51. Vidas Ejemplares – San Pantaleón
  52. Vidas Ejemplares – San Pedro Apóstol
  53. Vidas Ejemplares – Santiago Apóstol
  54. Vidas Ejemplares – San Severino
  55. Vidas Ejemplares – San Valentín de Berriotxoa
  56. Vidas Ejemplares – San Viator
  57. Vidas Ejemplares – San Vicente Ferrer
  58. Vidas Ejemplares – San Vicente de Paúl
  59. Vidas Ejemplares – Santa Adelaida
  60. Vidas Ejemplares – Santa Catalina Labouré
  61. Vidas Ejemplares – Santa Cecilia
  62. Vidas Ejemplares – Santa Clara de Asís
  63. Vidas Ejemplares – Santa Clotilde
  64. Vidas Ejemplares – Santa Felipa Duchesne
  65. Vidas Ejemplares – Santa Genoveva
  66. Vidas Ejemplares – Santa Isabel de Portugal
  67. Vidas Ejemplares – Santa Joaquina Vedruna
  68. Vidas Ejemplares – Santa Juana de Arco
  69. Vidas Ejemplares – Santa Juna de Chantal
  70. Vidas Ejemplares – Santa Juana de Francia
  71. Vidas Ejemplares – Santa Luisa de Marillac
  72. Vidas Ejemplares – Santa Margarita
  73. Vidas Ejemplares – Santa María Josefa Roselló
  74. Vidas Ejemplares – Santa Marianita de Jesús
  75. Vidas Ejemplares – Santa Micaela
  76. Vidas Ejemplares – Santa Otilia
  77. Vidas Ejemplares – Santa Perpetua
  78. Vidas Ejemplares – Santa Rita de Casia
  79. Vidas Ejemplares – Santa Teresa de Ávila
  80. Vidas Ejemplares – Santa Teresa de Lisieux
  81. Vidas Ejemplares – Santa Teresa de los Andes
  82. Vidas Ejemplares – Santa Zita
  83. Vidas Ejemplares – Santo Domingo Savio
  84. Vidas Ejemplares – Su santidad León XIII
  85. Vidas Ejemplares – Tres Santas Viudas

San Maximiliano Kolbe, mártir de la caridad y apóstol de la buena prensa, hizo en Polonia, en Italia, en Japón, etc., un bien incalculable a través de sus escritos. Fundó varias revistas y publicó numerosos libros y folletos. El P. Contardo Miglioranza nos presenta en esta obra una selección donde recoge lo mejor de su pensamiento


EL HOBBIT;  
 J.R.R. TOLKIEN

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SINOPSIS



Un gran clásico moderno y el preludio a las vastas y poderosas mitologías de El Señor de Los Anillos..



Cuando alrededor de 1930, J. R. R. Tolkien comenzó a escribir El hobbit, hacía ya diez años que trabajaba en el vasto panorama mitológico de El Libro de los Relatos, que más tarde se llamaría El Silmarillion. Así como esas crónicas tempranas narraban los mitos inmemoriales de la Primera y Segunda Edad, Tolkien pronto advirtió que El hobbit iba ordenándose de algún modo como un relato de la Tercera Edad (Gandalf habla del Nigromante en las primeras páginas), aunque las inesperadas aventuras de un pacífico hombre del campo no parecieran tener mucha relación con las vastas y oscuras mitologías de la Tierra Media. El estilo directo y lineal, con alusiones (que el autor deploró más tarde) a un público infantil, no impide la poderosa irrupción -- unas pocas veces en términos de comedia -- de los grandes temas tolkienianos (el poder, la codicia, la guerra, la muerte) que reaparecerían en una dimensión a menudo obviamente épica en El Señor de los Anillos.

Todos los que aman esos libros para niños que pueden ser leídos y releídos por adultos-- escribió C. S. Lewis a propósito de la aparición de The Hobbit en 1937-- han de tomar buena cuenta que una nueva estrella ha aparecido en esa constelación. Para el ojo entrenado algunos de los caracteres han de parecer casi mitopoieicos.

Uno de los libros más influyentes de nuestro tiempo... Una impecable obra maestra. -- The Times


Una saga espléndidamente escrita de enanos y elfos, duendes y trasgos terribles... una excitante épica de viajes y aventuras mágicas que alcanza al fin un clímax devastador.--The Observer

MAS LIBROS DE J.R.R. TOLKIEN EN ESTA BIBLIOTECA :
http://bibliotecasolidaria.blogspot.com.es/2010/09/coleccion-de-libros-de-tolkien.html




INDICE DE LIBROS PARA DESCARGAR



El Hobbit
El libro de los cuentos perdidos
El Señor De Los Anillos - El Retorno Del Rey
El Señor De Los Anillos - La Comunidad Del Anillo
http://biblioteca.salamandra.edu.co/libros/Tolkien,%20J.R.R%20-%20El%20Senor%20de%20los%20anillos-Las%20dos%20torres%202.pdf El Señor De Los Anillos - Las Dos Torres



Sobre la obra de TOLKIEN: Autor del “SEÑOR DE LOS ANILLOS”

En el estreno  mundial de «El retorno del Rey», tercera y última parte de la trilogía de J. R. R. Tolkien, «El Señor de los Anillos» el profesor de la Universidad Católica de San Antonio de Murcia, Eduardo Segura, doctor en Filología Inglesa y consultor de New Line Cinema para la realización de la adaptación cinematográfica, concedió  unas palabras a Veritas sobre la relación entre la obra de Tolkien y el cristianismo.




MURCIA, 18 diciembre 2003 (ZENIT.org-Veritas).- 


--Ante el estreno de la tercera parte de la trilogía cinematográfica de «El Señor de los Anillos», ¿cuál cree que es la clave del éxito de esta novela, lo que seduce de ella a públicos tan variados?


--Eduardo Segura: Debo decir, ante todo, que esta obra viene cautivando a generaciones de lectores desde su publicación en el bienio 1954-55. Es evidente que la atención del cine ha provocado un nuevo impulso en el descubrimiento de la obra de Tolkien; pero no es algo nuevo. Creo que es importante aclarar este aspecto.


Respecto de las claves del éxito de esta obra literaria, me centraré en uno de ellos: el redescubrimiento del valor creador de la imaginación más allá de lo meramente imitativo, la capacidad de recuperar valores y aspiraciones que están en lo íntimo de la inteligencia y el corazón de muchos seres humanos y, finalmente, el consuelo que proporciona encontrar una historia conmovedora, escrita de manera magistral, y que versa sobre temas atemporales como la muerte, el deseo de permanecer más allá de las fronteras del tiempo, la lealtad a la palabra dada, el combate moral que se da dentro del corazón de cada ser humano, la necesidad del compromiso, el amor a la naturaleza -no un simple ecologismo de etiqueta-, la Misericordia y la compasión.



Muchos han querido ver trazos del pensamiento cristiano en Tolkien, precisamente en el mundo de la Tierra Media. Incluso hay quien piensa que «El Señor de los Anillos» es una apología del cristianismo. ¿Quiso Tolkien hacer tal cosa? ¿Qué opina de ello?



--Eduardo Segura: He aquí una pregunta adecuada donde las haya. Niego rotundamente que Tolkien quisiese hacer una alegoría, o una suerte de «explicación refleja» del mundo, o aun de su propia cosmovisión. Uno de los grandes atractivos del mundo literario de Tolkien --no sólo el contenido en «El Señor de los Anillos»-- es su autonomía respecto de elementos «teológicos» cristianos. Su noción de «providencia» y, por tanto, del papel de la gracia en el actuar humano, están más cerca del paganismo de «Beowulf» que de, por ejemplo, el ciclo artúrico. Por otro lado, y ésta es una diferencia esencial, en el mundo de Tolkien no ha habido ni Revelación ni Encarnación.



Sin embargo, hay elementos fácilmente reconocibles como «cristianos». Pero lo son porque el alma de su autor estaba profundamente informada --también en lo intelectual-- por el catolicismo. De la abundancia de su corazón habló su pluma, podríamos decir. Y me atrevo a afirmar que en la raíz de su múltiple aceptación está esa ausencia de apologética o «propaganda». Tengo experiencias personales estupendas del modo en que Tolkien ha seducido a personas de credos y orígenes muy diversos.



Hay elementos de la obra que sí remiten a un pensamiento cristiano. ¿Está de acuerdo? ¿Qué detalles señalaría?


--Eduardo Segura: La percepción y plasmación de la belleza como algo nostálgico; el sentimiento frente al tiempo como algo que pasa inexorablemente, y el modo en que eso imprime en la conciencia del cristiano una firme convicción de que la vida pasa, como decía Jorge Manrique, y de que debemos ser conscientemente responsables del modo en que lo aprovechemos; la esperanza frente a los enemigos de dentro y de fuera; la lealtad incluso cuando la traición y la duda asoman en los ojos del amigo; el sentido del deber; la amistad; la misericordia y la compasión como motores de la Historia; la esperanza en una vida más allá de ésta, en una recompensa y un castigo apoyados en la justicia, y que se cumplen ya en esta vida...



Tolkien era católico en una sociedad, la inglesa, en la que los católicos eran vistos con cierta animadversión. ¿Influyó esto en su vida y en su obra?



--Eduardo Segura: En el mundo de los «políticamente correctos», la manera de escribir y de pensar de Tolkien es y será sencillamente intolerable. Pero pienso que a Tolkien no le importó en demasía vivir en un ambiente hostil. Tampoco creo que eso se manifestase de manera abierta contra él, por una razón a la vez sencilla y admirable: era rematadamente bueno en su trabajo, una autoridad indiscutida aun a día de hoy en materia de Filología Comparada. Cerró la boca de muchos críticos, entre otros modos, a fuerza de mostrar la agudeza de sus planteamientos.


Era, además, un gran profesor. Muy joven ocupó un puesto docente en Leeds, y Oxford le «fichó» por delante del candidato «de la casa» a una edad temprana para los estándares de esa prestigiosa universidad.


Y era católico, algo que durante siglos era causa de veto para ejercer la docencia en Oxford. Eso, como dicen los racionalistas, son «hechos».


Por tanto, creo que ser católico influyó en la vida y la obra de Tolkien en cuanto que ejercitó su caridad en ese ambiente, que amó profundamente; y extendió su labor de extensión de la fe entre sus amigos, muchos de ellos agnósticos (C.S. Lewis), anglicanos e, incluso, antroposofistas.



C.S. Lewis fue un gran amigo suyo. Parece ser que Tolkien influyó en la conversión de ese otro gran escritor cristiano del momento. Usted, como biógrafo de Tolkien, ¿podría contarnos cómo fue ese episodio?



--Eduardo Segura: El propio Lewis cuenta en su autobiografía «Cautivado por la Alegría», que cuando llegó a Oxford en 1926, procedente de Cambridge (y de un pasado turbulento, que incluía una niñez en el Ulster, beligerante respecto del catolicismo) le advirtieron de dos cosas: la primera, que tuviese cuidado con los filólogos; la segunda, que se anduviese con ojo con los papistas. Y, con esa sencillez de los grandes hombres, Lewis escribió: «Tolkien era ambas cosas».


El conocimiento paulatino de ambos hombres les llevó a una amistad profunda, auténtica, hecha de intereses compartidos -literatura, lenguaje, historia; y también cerveza y tabaco de pipa, claro que sí-, pero también de debates intelectuales librados sin acritud y con afán de encontrar la Verdad. Lewis decía que le cautivó en Tolkien lo buen profesional que era y su honradez: era lo que veías, ni más ni menos. Y podías ver mucho, si tenías ojos perspicaces.


La progresiva confianza entre estos dos hombres, y con el resto de los Inklings (el grupo literario informal que compartía aficiones, y risas y ruido en los pubs de Oxford) llevó a C.S. Lewis al descubrimiento del valor redentor de la Cruz, y hacia finales de 1933 él mismo se consideraba ya un hombre que había dejado atrás el ateísmo para iniciar el camino cristiano que había abandonado hacia los nueve años. Supongo que Tolkien fue el canal de la actuación de la gracia de Dios; una suerte de «causa segunda».


Una última pregunta. ¿Ha conseguido la película de Peter Jackson transmitir los valores que inspiraron a Tolkien en «El Señor de los Anillos»?



--Eduardo Segura: Pienso sinceramente que algunos de esos valores son tan nucleares, están tan en la raíz de esa obra, que han permanecido a pesar de los cambios argumentales y de las alteraciones que ha llevado a cabo el equipo de guionistas. La esperanza, la amistad leal, la renuncia a la comodidad para comprometerse por un ideal, la alegría tras la victoria peleada sin tener en cuenta el premio, el amor que trasciende lo meramente corpóreo, además de los que apuntábamos antes, creo que son todos ellos elementos que se ven de algún modo en la versión de Peter Jackson. Una adaptación notable, desde cualquier punto de vista.





J. R. R. Tolkien


Las mejores frases de "El Señor de los Anillos"


Muchos de los que viven merecen morir, y muchos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos. (SA I, 2) Gandalf.


No te entrometas en asuntos de magos, pues son astutos y de cólera fácil. (SA I, 3) Gildor.


No pidas consejo a los elfos, pues te dirán al mismo tiempo que sí y que no. (SA I, 3) Frodo.


Raras veces los Elfos dan consejos indiscretos, pues un consejo es un regalo muy peligroso, aun del sabio al sabio, ya que todos los rumbos pueden terminar mal. (SA I, 3) Gildor.


El coraje se encuentra en sitios insólitos. (SA I, 3) Gildor.


Los atajos cortos traen retrasos largos. (SA I, 4) Pippin.


Los atajos cortos traen retrasos largos, pero las posadas los alargan todavía más. (SA I, 4) Frodo.


Aquel que quiebra algo para averiguar que es ha abandonado el camino de la sabiduría. (SA II, 2) Gandalf.


Aun las arañas más hábiles pueden dejar un hilo flojo. (SA II, 2) Gandalf.


El valor necesita fuerza ante todo, y luego una ama. (SA II, 2) Boromir.


Sólo desesperan aquellos que ven el fin mas allá de toda duda. (SA II, 2) Gandalf.


Es sabiduría reconocer la necesidad, cuando todos los otros cursos ya han sido considerados aunque pueda parecer locura a aquellos que se atan a falsas esperanzas. (SA II, 2) Gandalf.


Los débiles pueden intentar esta tarea con tantas esperanzas como los fuertes. Sin embargo, así son a menudo los trabajos que mueven las ruedas del mundo. Las manos pequeñas hacen esos trabajos porque es menester haceros, mientras los ojos de los grandes se vuelven a otra parte. (SA II, 2) Elrond.


Desleal es aquel que se despide cuando el camino se oscurece. (SA II, 3) Gimli.


No jure que caminara en las tinieblas quien no ha visto la caída de la noche. (SA II, 3) Elrond.


Un juramento puede dar fuerzas a un corazón desfalleciente. (SA II, 3) Gimli.


Cuando las cabezas no saben qué hacer hay que recurrir a los cuerpos. (SA II, 3) Boromir.


Que el labrador empuje el arado, pero elige una nutria para nadar, y para correr levemente sobre la hierba y las hojas, o sobre la nieve... un Elfo. (SA II, 3) Légolas.


El trabajo que nunca se empieza es el que más tarda en terminarse. (SA II, 7) Sam.


Ocurre a menudo que las viejas guardan en la memoria cosas que los sabios de otros tiempos necesitaban saber. (SA II, 8) Celeborn.


Donde la vista falla la tierra puede traernos algún rumor. (SA III, 2) Aragorn.


La solución se encuentra a menudo a la salida del sol. (SA III, 2) Légolas.


Cuando los grandes caen, los pequeños ocupan sus puestos. (SA III, 2) Aragorn.


Las ovejas terminan por parecerse a los pastores y los pastores a las ovejas. (SA III, 4) Bárbol.


Quien primero golpea, si golpea con bastante fuerza, quizá no tenga que golpear de nuevo. (SA III, 5) Gandalf.


Un arma traidora es siempre un peligro para la mano. (SA III, 5) Gandalf.


La esperanza no es la victoria. (SA III, 5) Gandalf.


En la duda, un hombre de bien ha de confiar en su propio juicio. (SA III, 6) Háma.


Las noticias que llegan de lejos rara vez son ciertas. (SA II, 6) Théoden.


Hay dos formas en las que un hombre puede traer malas nuevas. Puede ser un espíritu maligno, o bien uno de esos que prefiere la soledad y sólo vuelven para traer ayuda en tiempos de necesidad. (SA III, 6) Gandalf.


Un corazón leal puede tener una lengua insolente. (SA III, 6) Théoden.


Para ojos aviesos la verdad puede ocultarse detrás de una mueca. (SA III, 6) Gandalf.


Más de una vez, el huésped a quien nadie ha invitado resulta ser la mejor compañía. (SA II, 7) Éomer.


El amanecer es siempre una esperanza para el hombre. (SA III, 7) Aragorn.


Quien no es capaz de desprenderse de un tesoro en un momento de necesidad es como un esclavo encadenado. (SA III, 9) Aragorn.


El visitante que escapó por el techo lo pensará dos veces antes de volver a entrar por la puerta. (SA III, 10) Gandalf.


Los traidores siempre son desconfiados. (SA III, 10) Gandalf.


No puede ser al mismo tiempo tirano y consejero. (SA III, 10) Gandalf.


Cuando la conspiración está madura, el secreto ya no es posible. (SA III, 10) Gandalf.


A menudo el odio se vuelve contra sí mismo. (SA III, 10) Gandalf.


No te entrometas en asuntos de magos, que son gente astuta e irascible. (SA III, 11) Merry.


El peligro llega por la noche cuando menos se lo espera. (SA III, 11) Gandalf.


El daño del mal recae a menudo sobre el propio mal. (SA III, 11) Théoden.


Los artilugios creados por un arte superior al que nosotros poseemos son siempre peligrosos. (SA III, 11) Gandalf.


El que mordía fue mordido, el halcón dominado por el águila, la araña aprisionada en una tela de acero. (SA III, 11) Gandalf.


Una mano quemada es el mejor maestro. Luego cualquier advertencia sobre el fuego llega derecha al corazón. (SA III, 11) Gandalf.


Solo atravesando la noche se llega a la mañana. (SA IV, 2) J.R.R. Tolkien.


A menudo la noche trae las nuevas a los parientes cercanos. (SA IV, 5) Faramir.


Tarde o temprano el crimen siempre sale a la luz. (SA IV, 5) Faramir.


Los ojos parpadean si los pies tropiezan. (SA IV, 5) Faramir.


Al caer la noche las cosas parecen a veces más grandes de lo que son. (SA IV, 5) Anborn.


El alabar lo que es digno de alabanza no necesita recompensa. (SA IV, 5) Faramir.


Parece menos grave aconsejar a alguien que falte a una promesa que hacerlo uno mismo, sobre todo si se trata de un amigo atado involuntariamente por un juramento nefasto. (SA IV, 6) Faramir.


Donde hay vida hay esperanza y necesidad de vituallas. (SA IV, 7) Sam.


Los actos generosos no han de ser reprimidos por fríos consejos. (SA V, 1) Gandalf.


Es en la mesa donde los hombres pequeños realizan las mayores proezas. (SA V, 1) Beregond.


Un golpe apresurado suele no dar en el blanco. (SA V, 2) Aragorn.


Donde no falta voluntad siempre hay un camino. (SA V, 3) Dernhelm (Éowyn).


No siempre los consejos han de encontrarse en los artilugios de los magos o en la precipitación de los locos. (SA V, 4) Denethor.


Un traidor puede traicionarse a sí mismo y hacer involuntariamente un bien. (SA V, 4) Gandalf.


La necesidad no tolera tardanzas, pero más vale tarde que nunca. (SA V, 5) Éomer.


Cuando todo está perdido llega a menudo la esperanza. (SA V, 9) Légolas.


El valor de las grandes hazañas no merma nunca. (SA V, 9) Légolas.


Donde hay un látigo hay una voluntad. (SA VI, 2) Uruk Hai.


Aun aquellos que no tienen espada pueden morir bajo una espada. (SA VI, 5) Éowyn.


No siempre lo bueno es estar curado del cuerpo. (SA VI, 5) Éowyn.


A mucha gente le gusta saber de antemano qué se va a servir en la mesa; pero los que han trabajado en la preparación del festín prefieren mantener el secreto; pues la sorpresa hace más sonoras las palabras de elogio. (SA VI, 5) Gandalf.


No dejéis que vuestras cabezas se vuelvan más grandes que vuestros sombreros. (SA VI, 6) Bilbo.


Ciertas heridas nunca curan del todo. (SA VI, 7) Gandalf.


Es viento malo aquel que no trae bien a nadie. (SA VI, 9) Tío Gamyi.


Cuando las cosas están en peligro alguien tiene que renunciar a ellas, perderlas, para que otros las conserven. (SA VI, 9) Frodo.


Suele ocurrir que en tiempos de peligro los hombres oculten el tesoro más preciado. (SA VI, Ap.) Aragorn.



Las mejores frases de "Cuentos inconclusos"


A través de la oscuridad es posible llegar a la luz. (CI 1, I) Gelmir.


No en todas las tierras es posible cazar sin riesgo, por abundantes que sean las bestias. Y los cazadores se demoran en los caminos. (CI 1, I) Túor.


Da con prodigalidad, pero da sólo lo tuyo. (CI 1, II) Sador.


Un hombre que huye de lo que teme a menudo comprueba que sólo ha tomado un atajo para salirle al encuentro. (CI 1, II) Sador.


El dolor es una piedra de afilar para un temple duro. (1, II)Sador.


La vida de los hombres es corta, y en ella suele haber múltiples infortunios, aun en tiempos de paz. (CI 1, II)




Tomado de http://www.geocities.com/aragorn_y_gandalf/frases.html

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